Iconografía del siglo XX: TRES INSTANTES DE 1989 FOTOGRAFIADOS EN PEKIN


  Como si se las hubiera tragado el olvido, escondidas en un cajón, a las imágenes de los hechos ocurridos entre los días 15 de abril y el 4 de junio de 1989 en la Plaza de Tiananmen, en Pekín, les cuesta reflejar en toda su amplitud la trascendencia de los hechos que representan. 

Como si estuviesen impregnadas de un revelado de irrealidad, representan algo que pudo ser, existir de otra forma, pero que para la historia oficial de la China oficial no ocurrió, no existe; no estuvo existiendo un movimiento social de aspiración democrática, además hoy tan sólo existen, como retratos que de vez en cuando aparecen por el cajón, disidentes políticos, opositores al régimen, algunos de ellos participantes en ese pasado oculto, todos debidamente controlados y acosados regularmente.

Son significativas las declaraciones de los jóvenes veinteañeros cuando se les pregunta qué saben de esos acontecimientos, o no tienen ni idea o apuntan que fueron actos de delincuentes detenidos por actos criminales. Esta irrealidad está fotografiada en gran parte por la eficaz labor del todopoderoso estado comunista chino, que en estos más de veinte años trascurridos ha eliminado sistemáticamente toda huella, todo recuerdo, declaración y descripción sobre estos hechos. En sus servidores de Internet cualquier referencia ha sido suprimida, es notoria su batalla contra el “gran buscador”, Google, al que censuraba diariamente contenidos y que ha forzado al portal a cerrar sus servicios en la República Popular de China. 


 No es que no existan fotografías suficientes que demuestren el clamor estudiantil, sus numerosas asambleas en la universidad o sus manifestaciones en la calle y en la misma plaza de Tiananmen, en Occidente circulan libremente, sobre todo de líderes estudiantiles que encaramados a improvisados púlpitos se dirigen a sus compañeros, como en una de las fotos a comentar del cabecilla estudiantil Wuer Kaixi, es que han acabado siendo imagen de algo que nombran pero que no demuestran: la masacre y el verdadero desenlace de estos hechos.
  

La foto que nos enseña a un estudiante herido el 3 de junio de 1989, por la mañana o por la tarde, antes de los sangrientos actos de represión ocurridos esa noche; tiene la frente partida, una cicatriz mana sangre de su ceja derecha, el rostro impacta por estar todo cubierto de su sangre, que mancha abundantemente también toda la camisa, pecho, hombros y mangas. Parece señalar a todos los que le rodean hacia el culpable de sus heridas, allá en el horizonte, con su mano izquierda libre, con la derecha sujeta, ayudado por un compañero, un casco militar, constatando con este gesto que su dedo acusador se dirige contra las tropas del ejército popular que se aproximan a la plaza. Esta fotografía sí que nos da un hilo para seguir a la masacre, sin duda, a pesar de que la masacre conocida como “la masacre de la Plaza de Tiananmen” no ocurrió ni en la plaza, ni se cometió sólo contra estudiantes, ni se sabe qué tiempo duró, cuándo empezó y cuándo acabó (si es que lo ha hecho, considerando que sigue abierta la represión política).



Mucho menos se sabe, ya que ni fotografías ni videos suficientes y fiables se conservan de las operaciones militares, cómo fue el desenlace final de esta historia y cuántos muertos hubo, desaparecidos y detenidos. Al igual que en otros países con hechos que han fragmentado, desequilibrado o perturbado a las sociedades que los conforman, China ha colocado la conocida como “masacre de Tiananmen” en el terreno de la memoria histórica.

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