Atentado contra un científico nuclear iraní



El asesinato el pasado 11 de enero de un científico nuclear en Teherán no es un caso aislado, un hecho extraño… siempre que se tensan las relaciones iraníes con la comunidad internacional por el asunto de su programa nuclear, recibe un golpe de este tipo por parte de los servicios secretos occidentales. Sí, es una evidencia, reconocida abiertamente por los analistas y no desmentida rotundamente por las agencias de seguridad implicadas, principalmente los servicios especiales de seguridad israelí y norteamericano. No es la maquinación de un guionista de película de espías. Esta guerra sucia se da con crudeza en Oriente Medio y la CIA y el Mosad resultan muy eficaces en sus acciones terroristas. Unos actos que sus gobiernos, como es lógico, condenan cuando son realizados por los “otros”.

El último atentado (ya van cinco “asesinatos estratégicos”) que ha costado la vida al científico nuclear iraní Mostafá Ahmadi Roshan – un joven de poco más de treinta años- tiene un agravante en su inmoral proceder; según acusaciones del gobierno iraní los responsables del crimen podrían haber utilizado información obtenida de Naciones Unidas. ¡De la ONU! Si fuese cierta esta sospecha la hipocresía de la comunidad internacional sería de órdago. En la ONU han asegurado que tendrán en cuenta esas acusaciones, abriendo una investigación, pero a día de hoy el Consejo de seguridad no ha condenado los atentados contra científicos iraníes.

¿Es qué no nos escandalizamos en Occidente ante estas muertes por razones de geopolítica? Era un científico, una persona realizando un trabajo. Las sospechas, también evidentes, de que Irán está desarrollando armas atómicas no justifican esas muertes. Consiguen, a juicio de sus planificadores, retrasar el desarrollo nuclear iraní. Poner piedras en el camino del programa nuclear de un país que recientemente también ha empleado maneras “sucias”, gestos hostiles, para reafirmarse en su postura de llevar hasta el final su desarrollo nuclear. Lanzando misiles de largo alcance y simulando un bloqueo en el Estrecho de Ormuz. Las partes enfrentadas, lamentable, han optado por recuperar ambientes propios de la Guerra Fría: las muestras de poder militar, el espionaje, la guerra sucia y las declaraciones políticas subidas de tono.

El “representante del Mal”, Ahmadineyad, tuvo que salir de gira para aliviar la presión. Es complicado ir por el mundo con una etiqueta, el malo, el bueno, el payaso, el listo, el idiota… Ahmadineyad va con el título de villano. Pero su retórica antiimperialista encuentra alivio en el abrazo del fornido populista Chávez. Solamente es un abrazo bravucón. Ni Venezuela, Ecuador o Nicaragua (los países de la gira), ni el resto de América Latina, mueven peones en Oriente Medio. El tablero y los movimientos sobre él en esa zona del mundo son harto complejos. 

Es cierto que el posible poderío militar nuclear de Irán desestabilizaría la región, llegándose a un equilibrio de fuerzas que pondría en peligro la seguridad (y hasta su supervivencia) de Israel, aunque también podría desencadenar conflictos graves diplomáticos y armados entre países islámicos del entorno. Es por eso que la Comunidad Internacional reacciona tan duramente con Irán y es por ello que los servicios secretos israelíes (probablemente los autores reales y estratégicos de estos atentados con bomba lapa a científicos iraníes) emplean, sin escrúpulos y con el convencimiento moral de estar realizando lo adecuado para la integridad de su estado, todos los medios a su alcance para infringir el mayor daño posible al programa nuclear de Irán.

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