Queridos Reyes Magos: ¿recibiremos como regalo el fin total de ETA?

Kale Borroka o simple protesta callejera, imágenes como ésta se pueden repetir sin necesidad de que exista ETA o cualquier otro fenómeno terrorista

La celebración de los reyes magos es un hecho cultural muy hispano, la entrega de regalos de estos tres monarcas de Oriente la madrugada entre el  5 y 6 de enero de cada año no se vive tan intensamente en otros lugares del mundo como en la península ibérica; por eso es de recibo pedirles como “regalo” algo que, por desgracia, es también muy español, el fin del hecho o posibilidad del terrorismo. Porque paradojas de la semántica ETA es tan española como una corrida de toros. ETA, que es un grupo terrorista vasco de ideología independentista, es un fenómeno de violencia e inestabilidad social sufrido en la historia española durante más de medio siglo. España, como dice nuestro colaborador Luis Pérez Armiño, tiene en su currículo demasiada experiencia sobre el hecho terrorista.

En el nuevo texto que pueden leer de Luis Pérez se abre una cuestión interesante, la ambigüedad que ha ido tomando el concepto de terrorismo a nivel internacional, por sus múltiples facetas, y la incertidumbre creada en la legislación española al introducirse leyes relacionadas con la lucha antiterrorista como, en el fondo, fue la aprobación de la Ley de Partidos. La tendencia a criminalizar los fines (la ideología o postura política) por los supuestos medios empleados ha sido común entre los juristas españoles. Obviamente los métodos o medios violentos (atentados) de ETA y otros grupos de su entorno (kale borroka) eran considerados, sin dudas, terrorismo y terrorismo de baja intensidad respectivamente; sin embargo, a la hora de juzgar a ciertas organizaciones políticas y darles la legitimidad necesaria según la Ley de Partidos, las incertidumbres o los intereses políticos sembraban cizaña, ya que se identificaban como terroristas por compartir fines con los grupos violentos.

Las dudas se mitigarían si los juristas y legisladores concretasen conceptos, aunque también se disiparían totalmente si organizaciones catalogadas por todos (excepto ellos y sus simpatizantes) como terroristas se disolvieran, desaparecieran, dejasen de existir como grupo (dos o más personas); desaparecer para convertirse en un grupo político con los mismos fines o para quitar, de un plumazo, toda la umbría de dudas que ensombrecen a los grupos y partidos que ya existen.

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