Jeremy Lin, un asiático machote

             Edición asiática de TIME; fuente: El País digital

Hace unas semanas en Pax augusta recogimos con una entrada referente a ello las polémicas bromas de los guiñoles franceses sobre los deportistas españoles, que simplificaban los grandes éxitos del deporte español con la calumnia de que “no ganan por casualidad”, sino por estar todos dopados hasta las cejas. Al mal gusto francés respondimos con un referente cultural, pedante e histórico, pero al que no se le puede negar el buen gusto. Un Napoleón Bonaparte repeinado y vestido con la casaca verde del “Cuerpo de Cazadores” francés nos servía para ilustrar la “envidia verde gala” ante los constantes triunfos españoles. Y es que debe ser muy duro no ganar ni a la petanca (que creo que es de origen francés ¿no?); ánimo, vecinos, que con humildad y constancia se logran rápido los éxitos, pero hay que ponerse a trabajar ya y no enmendar la plana al vecino, diciéndole cómo debe controlar y llevar su Deporte, cuando a la vista está, uno mismo no puede dar consejos. Analicen por qué fracasan tanto sus deportistas, revisen sus proyectos y planes en su cultura deportiva. Por ahí va la cosa. En EEUU no tienen el prejuicio cultural hacia el deporte, como lo tenemos en la “refinada y culta” Europa. El deporte sirve como vehículo de estudio social y referente cultural. Explicamos la teoría.

Jeremy Lin es un asiático que está rompiendo todos los estereotipos culturales y, sobre todo, raciales en la sociedad norteamericana. Base de los New York Knicks equipo de la NBA que sigue sin destacar en la liga americana desde la época de Pat Ewing (años 90), está triunfando en una competición de “afroamericanos” (eso es lo correcto en USA, aquí somos mayorcitos y podemos decir, negros) y de algún blanquito resultón, tipo Pau Gasol. Blancos y negros recelan del asiático. Así lo recogen los diarios deportivos y generales de EEUU, las cadenas de TV y radio. Acostumbrados a la discreción de sus ciudadanos asiáticos, que prosperan silenciosamente en sus negocios, que copan las mejores notas en ciencias e ingeniería de las universidades norteamericanas, resultando el tópico del asiático empollón y científico un recurso manido en las películas made in USA, que un joven de orígenes asiáticos triunfe por sus condiciones físicas y su coraje choca en el imaginario americano, que digo, Occidental, pues es un estereotipo heredado o vinculado entre Europa y América (toda, también en América Latina se tiene la imagen del chino discreto y astuto, no del machote asiático).

Como afirma la escritora Deanna Fei, “es innegable que Lin es un tipo con pelotas, algo que, obviamente, era ya cierto en otros hombres asiáticos, pero que ahora Lin está demostrado de una forma que se hará difícil de refutar hasta para el racista más gilipollas”. Esta cita es del artículo de Antonio Caño, publicado en El País, el pasado viernes 17, y que ha inspirado esta entrada del blog. La escritora asiática, también de Nueva York, no se anda con rodeos. Va contra el prejuicio racial de frente. Jeremy Li no solamente juega bien al baloncesto, se está convirtiendo en una estrella nacional porque tiene al lado una comunidad, la asiática, siempre minusvalorada en la sociedad norteamericana. El debate social entorno a él resulta más interesante porque en EEUU siempre se “oculta” con lo políticamente correcto el debate racial, la repercusión racial que el “fenómeno” tiene.

Li es de origen chino; bueno, para complicar más la cosa de Taiwan, la isla-estado no reconocida por la República Popular China, la antigua Formosa donde se refugiaron tras perder la guerra civil los nacionalistas chinos. Jeremy mete la canasta y tensa los músculos, celebra su enceste con gestos de macho dominante, como sus colegas negros de la cancha. Triunfa con su cuerpo y no con su mente (aunque en el baloncesto, advierto, hay que usar el cerebro). Queremos decir que su caso puede servir para romper estereotipos no por la vía eufemística de lo políticamente correcto, sino de forma más tajante y efectiva con las herramientas culturales que proporciona el deporte y su transcendencia popular, social e internacional. Se habla ya de una “diplomacia” (de unas relaciones internacionales) en el terreno deportivo; algunos opinan que sería una buena forma de acercar “culturalmente” y suprimir prejuicios entre Asia y Occidente.

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