Argentina y España firman la paz, última hora del conflicto YPF-Repsol


Las utopías en Latinoamérica son irrealizables. Tal perogrullada viene a cuento tras el agrio conflicto entre dos gobiernos, que como sus pueblos, se pensaban amigos, más que amigos, hermanos. Las relaciones fraternales entre argentinos y españoles, mal que les pese a los “ultra-nacionalistas” de ambos lados, están al orden del día… y de la historia y la cultura, obviamente. Al orden de lo cotidiano porque hay “gallegos” (españoles en sentido cariñoso) a patadas (y no con “la patada en el trasero”, como ahora) por toda la América Latina y, puede, que en la Argentina donde más. Por motivos de índole política (dictaduras de los años 70) y económica (crisis del calado del “corralito”, por poner una de las muchas sufridas en la Argentina) tenemos argentinos en España hasta en la sopa (esa que detestaba Mafalda, una argentinita famosa). Te puedes encontrar a un porteño en los montes de León (España) pastoreando ovejas australianas, por ejemplo, para hacer una granja “ecológica” y luego vender quesos artesanales a las multinacionales. El argentino es un tipo ingenioso que siempre se ha sabido buscar la vida. 

Dicho esto sobre las íntimas relaciones entre España y Argentina, volvemos al terreno de las utopías. El diccionario de la Real Academia de la Lengua española (RAE) ha enmendado la primigenia definición que tenía utopía. Ahora su definición es: “Plan, proyecto, doctrina o sistema deseable que parece de muy difícil realización.”Antes era: “Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.” 

Los matices son importantes. Las utopías antes eran “optimistas e irrealizables en su formulación”; ahora, solamente, “parecen de difícil realización”. Supongo que este matiz animó al gobierno argentino de la presidenta Fernández a realizar el plan de expropiación y nacionalización de la filial de Repsol, YPF. Sería un proyecto de complicada realización pero posible. Antes, también en el campo de las utopías, había comenzado una campaña enérgica a favor de la soberanía de las islas Malvinas, aprovechando el 30º aniversario de la guerra que provocó el dictador Videla invadiendo militarmente el archipiélago. 

En este caso sus “planes optimistas” se estrellaron en casi todos los frentes diplomáticos. La reciente Cumbre de las Américas en Cartagena (Colombia) es un claro ejemplo de ello. Una de las principales propuestas era la declaración unánime de la soberanía argentina sobre las Malvinas; el norte, Canadá y EEUU ni lo incluyeron en su agenda y Colombia, el anfitrión, aprovechó su postura ambigua al respecto para fortalecerse como el mejor aliado de USA en Latinoamérica. ¿Había que abrir otro frente, como aconsejan los estrategas en las guerras, sobre la soberanía? Date. Repsol-YPF, serviría para ese propósito. 

En el subconsciente latinoamericano el asunto de las soberanías da mucho dolor de cabeza. Los procesos de independencia fueron proyectos que no se realizaron como los libertadores soñaron y aún se están pagando esos sueños rotos. Al igual que ocurre en Europa (Asia y África son aún más complejas) la supuesta homogeneidad cultural y étnica que provoca afinidad entre los países que conforman esa región mundial, tampoco sirve en América Latina, por sí misma, para el mejor entendimiento entre los estados y pueblos americanos. Son incontables los casos de conflictos interregionales en Iberoamérica. 

Lo que sí une y da identidad es la confrontación con lo ajeno. Es la base de las teorías partidarias del “choque de civilizaciones” del profesor Samuel P. Huntington. Europa se conformó en su lucha cultural contra el avance musulmán (las cruzadas); la “región islámica” (presente como cultura en todos los continentes excepto en América) se conformaría en su “guerra santa” contra todo infiel y la lejana Asia (de China al Japón) se formaría culturalmente con su tradicional aislamiento del resto del mundo. Estas son muy resumidas las confrontaciones que dan identidad cultural a las civilizaciones. ¿Y América? Dejando al margen el norte, donde no tienen problemas de identidad desde su fundación como estados, incluyendo a México, que es el país latinoamericano que mejor se conoce a sí mismo, el resto de Latinoamérica- centro, caribe y sur- ha vivido en un constante debate intimo, y otras veces extrovertido, de identidad cultural. Un hondureño y un argentino tienen tantos contrastes culturales como un ucraniano y un portugués. 

La confrontación que ha servido para dar cierta homogeneidad a la “identidad” latinoamericana ha sido la mantenida contra el imperialismo. Primero, y en origen de los nacionalismos americanos que ahora conocemos, contra el imperialismo español. Sin pensar mucho que esa “confrontación” antiimperialista se hace erróneamente poniendo al dominio español parámetros de imperio colonial del siglo XIX. Luego, a partir de la 2ª mitad del siglo XX, contra el “imperialismo ideológico y económico” de la primera potencia mundial y país vecino (que es lo más problemático), los Estados Unidos. 

En fin, el tema es apasionante. Todo esto venía porque Argentina y España han comenzado una “absurda guerra” por la cuestión YPF-Repsol y aunque no lo parezca lo dicho explica la virulencia con la que se está abordando el problema surgido entre las dos naciones… o habría que decir, entre los dos obcecados gobiernos. También, todo lo apuntado serviría para firmar la paz. 

España es veterana en buscar “su identidad”. Es también una constante en uno de los “estados-nación” más viejos de Europa. En esa búsqueda siempre un camino estuvo abierto al otro lado del Atlántico. La relación con América Latina ha sido preferencial y esencial en la política exterior española, desde incluso el mismo momento que aún se estaban firmando las emancipaciones. Lo que ocurre que estas relaciones privilegiadas se han llevado unas veces mal y otras… peor. 

Siguen existiendo muchos prejuicios y recelos. El hecho de explotar los recursos naturales en Latinoamérica no es nada nuevo, ni cosa de petroleras como Repsol; no es, además, sólo culpa de los “imperialismos”. Las repúblicas que surgieron a partir de 1811 optaron por ese tipo de estructura económica y no tuvieron profundas “revoluciones industriales”. Exportar materias primas e importar manufacturas ha sido el pan nuestro de cada día latinoamericano en estos 200 años. De ahí sus elevadas deudas externas y déficit en sus balanzas comerciales. Es un error, ese sistema de basar la economía solamente en sus grandísimos recursos naturales que el latinoamericano nunca ha reconocido. Cuando el neoliberalismo en los años 90 cabalgaba por el mundo “salvando” economías, a los argentinos no les importó privatizar YPF y otras empresas nacionales; como antes habían hecho los españoles con Repsol, por ejemplo. Era “lo que había que hacer”, según las teorías económicas reinantes. Ahondando en la “globalización” económica mundial. 

Ahora Argentina desea volver a recuperar sus recursos naturales y volver al “viejo sistema” de las riquezas soberanas; siendo también significativo que los que ahora nacionalizan fueron los primeros directores de las “privatizaciones”, y ya sabemos lo importante que es para el buen arranque de un proyecto el trabajo de los primeros gestores. En fin, quieren echar a los inversores capitalistas e industriales (ahora en el discurso político: saqueadores) foráneos-mayoría española-. Vale, OK. Están en su derecho. Pero, por favor, que no especulen con el precio de lo invertido (sobre todo en tecnología) y de las acciones; no hagan "sangre" a la ya débil economía española, porque a pesar de lo que piensen los más idealistas y utópicos, el mundo está globalizado (sobre todo a nivel económico) y este tipo de arrebatos “populistas” hacen más daño del que parece al ciudadano de a pie. Es lo del “efecto mariposa”: una mariposa aletea con fuerza en California y se produce un terremoto en Japón. Las acciones en Repsol salieron públicamente y tienen inversiones hasta de modestos ahorradores. Es un producto legal, financiero, que ofertan los bancos, no es "cosa de ricos".  

Lo natural sería entenderse. Hacer esa “Gran Patria” de la que hablan los bolivarianos… pero incluyendo a la “Madre Patria” (a la pu... madre patria). Porque los problemas de identidad y de “soberanía” son de herencia genética vía maternal. Aunque me temo que entonces “la broma” perdería su gracia. Según últimas noticias todo el quilombo se ha montado para traer dinero chino, que es fresco y abundante (“pagamos al contado”, decía un dirigente petrolero chino). A su tiempo, expropiar a los chinos no tendría tanta enjundia como hacerlo a los queridos y odiados, al mismo tiempo, españoles.

Comentarios

  1. Gracias por el comentario de que México es el país latinoamericano que mejor se conoce a sí mismo. Ojalá esto pudiera servirnos para vivir mejor.

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  2. Gracias por reflexionar sobre las complicadísimas relaciones entre España y América Latina, en particular con la región de Hispanoamérica, y viceversa.
    En la Biblia está aquello del 'juicio salomónico'. La falsa madre fue la que dijo 'Corten el niño al medio' y me imagino que la falsa hija hubiera dicho 'Corten la madre al medio'
    Espero que todo el mundo lea tu artículo.
    Un abrazo
    Mónica desde Uruguay

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