A sus órdenes, mi general


El pasado 30 de abril el general Gutiérrez Mellado hubiese cumplido cien años. En mi memoria de adolescente quedó tan impresionada esa imagen de ese hombre enjuto, no muy alto y de piernas de alambre, aguantando la estabilidad, firme, ante los intentos del golpista Tejero de tirarle al suelo, que no me hace falta verla alguna de las miles de veces que se ha repetido en la televisión para experimentar, una vez más, esa profunda admiración que sentí por ese anciano soldado. Eso era sustentar a una joven democracia con arrojo, tenía casi 70 años y no sólo Tejero, varios asaltantes del Congreso intentaron tirarle al suelo en repetidas ocasiones cuando él se les enfrentó obligando a ponerse a sus órdenes, ya que era la máxima autoridad militar del momento. No le hicieron caso, pero no le humillaron.

En el mes de abril también se celebra en el vecino Portugal, el 25 de abril, la "Revolución de los Claveles", una revuelta militar que les trajo la democracia. Allí también se rompía con el estereotipo del militar golpista o del general metido a político. Es raro agradecer a un militar que contribuyese tanto a la "Pax" social y a la consolidación democrática. Es extraño porque la historia española está llena de ruido de sables y de pronunciamientos. Es inusual porque la imagen del militar en el imaginario cultural del país era (y es todavía para muchos intelectuales de izquierda) el del tipo autoritario, pilar del poder tradicional y conservador, enemigo de la democracia

Mucho antes de que el reformador democrático por excelencia, el presidente Felipe González, iniciase la democratización  del ejército (columna de la dictadura) en los años 80, un militar que hizo carrera en el ejército "nacional" (franquista) que ganó la Guerra Civil, hizo las principales reformas, es más; cambió los cimientos de la casa del ejército. Para empezar unió todas las carteras ministeriales militares (Tierra, Mar y Aire) en una sola de carácter civil: el Ministerio de Defensa. El concepto de servicio a la ciudadanía comenzaba a ser inculcado  entre los militares empezando por el cambio de nombre, el ejército era la institución de la defensa del país. Él mismo fue el primer ministro de esa cartera, ya civil. Y así estaba, de traje civil, cuando aguantó las embestidas golpistas. 

Los historiadores han reconocido que Gutiérrez Mellado era un Gary Cooper en un "Solo ante el Peligro"; recibió las iras de sus colegas y de todo un ejército (sobre todo los oficiales mayores de 40 años) que le insultaba en los entierros de los militares asesinados por ETA. Qué aguante, mi general. La Transición está ahora en el ojo crítico del debate histórico y político, quizás porque empieza la hora de la "memoria histórica", que ya era hora, de una página de nuestro pasado más complejo y convulso de lo que creemos. Sin embargo, del legado de Gutiérrez Mellado no debería, en mi opinión, haber debate, sólo agradecimiento. Acción de gracias que no se ha difundido mucho. En este blog ha tenido un hueco desde el inicio, más en concreto el Instituto de estudios sobre seguridad y paz que lleva su nombre. Por eso; a sus órdenes, mi general

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