Vendedores de pisos en el planeta de los pisos sin vender



Móstoles, tenemos un problema. El grupo de avanzadilla había aterrizado en una zona inhóspita del planeta de los pisos sin vender y empezaban con mal pie. El vendedor más veterano, encargado de dirigir ese pelotón explorador de jóvenes agentes inmobiliarios, tragó saliva y se desabrochó el nudo de la corbata. El cristal color güisqui de sus gafas de sol le molestaba para ver las letras de su Blackverry y se las levantó sobre la frente, a modo de diadema. “Central, central… Móstoles, central. Repito, tenemos un problema”. Una joven, casi una niña, le miraba angustiada mientras intentaba que su maquillaje no se descompusiera como su rostro lleno de angustia. Era la novata del grupo, su primer día de ventas. A su lado un muchacho repleto de músculos trabajados en un gimnasio de barrio giraba su tronco como un autómata, oteando los alrededores. Apoyado en el vehículo que les había traído hasta la zona cero el otro agente intentaba, nervioso, encender un cigarrillo.

_ Jefe, ¿qué hacemos ahora? – la pregunta vino del autómata, el que parecía más tenso.
_ Tú y Brenda podrías intentar alcanzar ese portal. Lorenzo y yo os cubriríamos desde el vehículo.

Trascurrió un tiempo eterno hasta que la joven se atrevió a hablar. Los tres hombres escucharon la voz aguda y asustada de su compañera como una detonación en medio de un gran silencio. En realidad, así fue exactamente. Nada se movía, ningún ruido provenía de las torres de pisos que les rodeaban. La voz de Brenda se levantó en ese lado oscuro del planeta igual que una familia de pájaros asustados abandona el árbol donde dormían.

_ No, no, yo no puedo ir allí. No estoy preparada, aún no estoy preparada para enfrentarme a ellos…
_  De verdad, no lo puedo entender… según mis datos no deberían estar ahí.- El jefe de ventas sacudía la cabeza, en un gesto entre indignado e incrédulo.
_  ¡Qué más da, están ahí! ¡Todos los hemos visto! ¿Verdad? No me estoy volviendo loco… - Abandonando su postura rígida, el autómata se acercó a su jefe. Parecía que le quería coger de los hombros, sacudir, pero se contuvo.
_ ¿Qué pasa con la Central?-  la pregunta salió de Lorenzo, el agente apoyado en el todoterreno de exploración, tras terminar una calada a su cigarro.
_ No te lo vas a creer, no tengo cobertura…

Una sombra se movió en el portal más próximo al comando de vendedores inmobiliarios. Esta vez escucharon un ruido, el rodar de alguna especie de transporte. No hizo falta dar ninguna orden. Rápidamente se metieron en el vehículo, conducía el vendedor que había tirado el cigarro a medio fumar. Los faros iluminaron la entrada de esa torre de pisos que debía estar vacía, sin ningún habitante. Su misión era solo de exploración, no tenían ninguna directriz para un encuentro con vida de ninguna clase. Allí no tenía que haber vida, era una zona cero. Una promoción inmobiliaria colosal de pisos, apartamentos y locales sin vender.

Cegado por las luces del vehículo todoterreno, un vecino sacaba los cubos de la basura. Se puso una mano en los ojos para evitar el fogonazo. Los vendedores pudieron ver parte de su semblante. Extremadamente delgado, en sandalias y pantalón corto ese ser increíble, adaptado a un medio hostil, había conseguido sobrevivir en un hábitat sin las infraestructuras más básicas. Lanzó una mirada fría, como de muerto viviente, a los vendedores de pisos.

_ Acelera, Lorenzo, ya no podemos hacer nada por esta gente… - el conductor obedeció sin demora, estaba tan impresionado por ese contacto en la 3ª Fase (de la promoción de pisos) que quiso poner tierra de por medio cuanto antes.


Fuente de la fotografía: fotos de Corina Arranz para la Revista Digital Fronterad ; "Mega-promoción inmobiliaria de pisos sin vender en Seseña, Toledo (España).

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