"Yo soy el Joker". Malas personas X



James Holmes, el asesino del cine de Colorado, Denver (EEUU). Una vez más el mal y la locura. La sinrazón que resulta mortal. Este artículo de Pax augusta hace el décimo semblante del mal. Es siniestro, pero casi en las mismas fechas del año pasado, en julio del 2011, nos preocupábamos por otro asesino, por otra matanza perpetrada por un tipejo solitario, anormal, el tal Anders Breivik. Las dos matanzas no tienen nada que ver, salvo en lo irracional de los actos de sus ejecutores. Cuando detuvieron a Holmes, minutos después de realizar la masacre, pronunció el delirio: "Yo soy el Joker".

Haciendo clasificación del mal, la matanza del cine de Denver, durante el estreno de la última película dedicada al personaje de cómic, Batman, podría llegar a resultar, y eso es lo malo, hasta “normal”. ¡Dios mío de mi vida! Y me importa un pimiento estar pronunciando el nombre de Dios en vano, si para expresar mi congoja ante tal reflexión debo cometer un pecado infringiendo una norma de uno de los primeros decálogos legislativos, bienvenido sea ese pecado, que ya haré acto de contrición. Me desasosiega pensar que las matanzas habituales (ya no son anuales, aparecen cada cierto mes) cometidas por perturbados en los Estados Unidos sean “normales”. El listado profuso de ellas resulta más chocante que las masacres en sí. El análisis más evidente para “racionalizar” (lo pongo con comillas porque no me encaja mentalmente razón con matanza) estos crímenes es que en EEUU es tan fácil comprar armas, amparados en la famosa Segunda Enmienda (cuando los colonos del Oeste debían defender sus tierras a tiros), que aumenta considerablemente la probabilidad de que esas armas acaben en las manos equivocadas… vamos, que la regulación del armamento es tan laxa que cualquier loco idiota, cualquier terrorista o cualquier pirado del gatillo (sea o no de los USA) puede hacer realidad su sueño de poseer un arsenal por el módico precio que cuesta un televisor. En EEUU las ametralladoras entran en la categoría de electrodomésticos.

Las declaraciones e intenciones del presidente Obama han ido encaminadas en conseguir un mayor control de la regulación de armas, pero dice que se hará respetando los derechos de la Segunda Enmienda (estamos en campaña electoral de las presidenciales y es “humano”, no quiere perder votos). Ese sacrosanto respeto a los derechos de esa enmienda decimonónica sí que resulta, como los perturbados asesinos, delirante. Hasta cierto punto el análisis histórico permite argumentar la necesidad de armar a la población, como fue el caso de los pioneros y colonos durante la expansión por el territorio oeste de lo que hoy son los EEUU. Muchas veces el 7º de Caballería no llegaba (ni a última hora) y los granjeros colonos debían defender sus nuevos asentamientos a tiros de las incursiones de los nativos norteamericanos. Por otro lado, es obvio argumentar que los ataques indios estaban más que justificados, aunque fuesen a familias con mujeres y niños, ya que les estaban arrebatando sus tierras. De esta manera, cuando en la “conquista del Oeste”, no había ni fuerzas de la ley ni ejércitos, el nuevo ciudadano de esa nueva nación debía convertirse en policía y soldado.

Ahora la reflexión está clara. Ahora los estadounidenses no viven en el “Lejano Oeste” (Far West). ¿Por qué, entonces, en estos más de cien años que han pasado desde que configurase sus fronteras la sociedad norteamericana no ha cambiado su legislación sobre la posesión de armas? Parece que garantizar la libertad individual y la seguridad propia y de los tuyos con la posesión de armas, espíritu de la Segunda Enmienda, sigue siendo esencial para el sentir nacional (identitario) de los estadounidenses. Eso hace (sienta un escalofrío por la espalda al leer) que acciones como las del “Joker” de Colorado sean tan sencillas de realizar. En el fondo ese ciudadano perturbado estaba haciendo uso de su derecho a poseer armas y defender su libertad que consideraba amenazada. Su demencia era el territorio a defender de los nativos (¿los cuerdos?).

Comentarios

  1. Escalofriante éste y otros hechos relacionados con esa facilidad no sólo de adquirir armas sino de usarlas en contra de quien se ponga en frente. Gustavo, tú y yo y todos sabemos que lo que se defiende no es tanto el derecho constitucional sino el negocio próspero de la venta de armas.
    Dios nos libre de estos engendros con licencia para matar.
    Un abrazo.

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