Siria, ¿renace el viejo "puente español" con el mundo islámico?



Las relaciones internacionales con el llamado “Mundo árabe” han sido uno de los ejes principales de la política exterior española. Latinoamérica y el ámbito musulmán eran el territorio propicio para los diplomáticos españoles, campos que resultaban familiares, cómodos de jugar. En realidad, no tenían más remedio. Durante el franquismo, la dictadura del general Franco (1939-1975), no les “quedaba otra”. España estaba aislada internacionalmente y solo la Argentina de Perón y los lazos tradicionales (coloniales-paternalistas-del protectorado, en algunos casos) con el Norte de África y Oriente Medio, hacían caso a las tremendas ganas de la diplomacia española de volver a destacar en el mundo.

En estas horas, entre ayer y hoy, algunas noticias recordaban pero no ratificaban, ese viejo objetivo de la política exterior hispana de ser puente entre Occidente y el mundo musulmán y “sobresalir” del resto de países occidentales. El grupo principal opositor sirio ha estado en España, en la “Casa Árabe” de Madrid, dentro de las reuniones que su líder, AbdulBaset Seida, realiza en una pequeña gira por Europa. El ministro de Exteriores español, José M. García-Margallo, acudió al encuentro con el Consejo Nacional Sirio (CNS) en la mañana de ayer, 3 de septiembre, y sin mucha convicción ejerció de “puente” entre la actitud de Occidente y los deseos de Oriente. 

Como hace más de cincuenta años, cuando el eficiente y carismático ministro de Asuntos Exteriores del régimen franquista, el vasco Fernando Mª Castiella, quiso intermediar entre Nasser y Occidente para mitigar el clima de tensión generado tras la guerra provocada por la nacionalización del Canal de Suez, el ministro Margallo tuvo la opción de “sobresalir”. Pero al igual que en 1957, la diplomacia española se debe conformar con seguir siendo un “símbolo” de buena voluntad (puente) entre el mundo árabe y el mundo occidental. La posición internacional española, como lo era antes por otros motivos, se está viendo marcada por la “dependencia” de acción respecto a las grandes potencias. El gobierno español, en palabras del ministro, apoyará un gobierno democrático de transición sirio, que tenga voluntad integradora y que aleje a los elementos “yihadistas” (radicales) de él. Es la línea más acorde con los intereses europeos, que no quieren ver a las puertas de Europa un nuevo estado débil a merced del “avispero” integrista islámico.

En cambio, las expectativas alentadas por los opositores sirios de que España intervenga en la Unión Europea para aprobar una intervención militar parecen frustrarse. La diplomacia española no es el buque insignia de una “Armada europea” que, bajo tutela de la OTAN, desembarque con la ‘democracia’ en Siria como lo hizo en Libia. De todas formas, para la galería, el ministro declaró que “todas las opciones siguen abiertas y no descarta una posible intervención militar como la que sucedió en Libia…” Del dicho al hecho, hay mucho trecho. Refrán que supone la misma consideración que las declaraciones del canciller español. El análisis despunta la siguiente duda: ¿Europa intervendrá militarmente en Siria si percibe que el control de la situación pasará a grupos radicales islámicos?

Lo dudo mucho, veo a corto plazo más realistas a los opositores de Bashar al Assad que sobre todo pidieron ayuda humanitaria para las fuerzas opositoras y rebeldes (España aumentará esa ayuda en casi medio millón de euros) y que España (Europa) presione a la diplomacia rusa consiguiendo que cambie su postura respecto al régimen sirio. De esta forma sería viable responder al deseo del Consejo Nacional Sirio de intervenir con las armas y parar la sangría de víctimas civiles. Es una esperanza de la oposición que no gusta, claro está, al mundo islámico, que la vería como otra injerencia occidental en la región. Sin embargo, esa postura no preocupa a los sirios opositores; ellos son realistas y saben lo que piden, con el gran obstáculo de Rusia, la intervención militar sería una bomba puesta bajo la silla de Bruselas. 

Fuente de la fotografía: foto de Daniel Zudaire 

Puente de Mostar, en Bosnia-Herzegovina, destruido en la guerra por el odio étnico-religioso entre musulmanes bosnios y croatas ortodoxos. Las tropas españolas del Cuerpo de Paz construyeron una pasarela provisional para volver a unir a las dos cultura, ayudaron también es su actual reconstrucción como "Puente de la Paz". La plaza mayor de Mostar lleva el nombre de Plaza de España desde 1997 en su honor.

Comentarios

  1. Ojalá renacieran todos los lazos de España con el mundo islámico (y mira la palabra que estoy usando: 'ojalá', que es algo así como 'quiera Alá'), además de los lazos con África, con América Latina, a no olvidar Oceanía, y por supuesto, otro tipo de vínculos con Europa. Y los sirios, por supuesto, son uno de los troncos de la cultura española islámica medioeval y renacentista.

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    1. Sí, Mónica, muy preciso lo de "ojalá" para significar que ese tradicional objetivo español de ser puente entre Occidente y Oriente tiene que ver con su pasado medieval islámico...pero hoy día es solo un "símbolo", no verdadero prestigio diplomático.

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