Karadzic y la justicia internacional


La maquinaria judicial internacional ha puesto en marcha uno de los juicios más esperados en los últimos veinte años: el del antiguo líder de los serbo – bosnios, Radovan Karadzic. Y por el momento, no ha dejado de sorprender esa extraña ironía de la que está haciendo gala con motivo de su defensa uno de los principales acusados por la comunidad internacional de todas las barbaridades ocurridas durante la última guerra bosnia (1991 – 1995). Karadzic, como han recogido muchísimos medios occidentales, adoptando el papel de víctima, considera que no debería ser juzgado; incluso, no duda en afirmar que debería ser premiado por los enormes esfuerzos que hizo para impedir el conflicto y evitar el sufrimiento de la población civil. Sentenció categóricamente que él se había enterado de todo lo que había sucedido en la pequeña localidad bosnia de Srebrenica cuando llegó prisionero a La Haya, sede del Tribunal Penal Internacional (TPI) que juzga los asuntos derivados del conflicto que sucedió a la desintegración de la antigua Yugoslavia. 

Karadzic llega a La Haya para sentarse en el banquillo ante los jueces con once acusaciones de especial gravedad. Entre ellas se encuentran el genocidio, crímenes de guerra, contra la humanidad y un largo etcétera de atrocidades que se han achacado a uno de los considerados principales ideólogos de la guerra civil bosnia. Se le responsabiliza de los sucesos de Srebrenica, donde ocho mil musulmanes fueron asesinados por fuerzas serbo – bosnias en el verano de 1995 contando con el contingente de los cascos azules holandeses como testigos de excepción. También se le achacan las más de diez mil muertes registradas durante los cuatro años de asedio de Sarajevo. Karadzic, durante el juicio, ha entonado su amor hacia la ciudad bosnia, de donde procede su mujer, y no ha dudado en considerar los ataques a civiles por parte de los francotiradores como una táctica no muy deseable pero habitual en tiempos de guerra. 

Es más que evidente la responsabilidad penal de Karadzic en la guerra bosnia. Sin embargo, son todavía muchas las dudas y, sobre todo, los planteamientos éticos y morales que plantea este tipo de juicios sumarísimos de alcance internacional. 

Desde el mismo inicio de la contienda en la antigua república yugoslava, los medios occidentales, con una clara intencionalidad política, demonizaron a los serbios de Bosnia como si en una guerra de estas características hubiese culpables e inocentes. La visión de los serbios como responsables últimos y como únicos protagonistas de las atrocidades que estaban teniendo lugar en Bosnia y Herzegovina fue el argumento empleado desde los primeros días de conflicto en los principales rotativos y en las cancillerías occidentales. Hace un par de años, una furibunda, y experta en cuestiones balcánicas, Maruja Torres escribía en su habitual colaboración para el diario El País (14 de marzo de 2010) un encendido texto en el que atacaba de forma indiscriminada al antiguo líder serbo – bosnio y pedía para él duros y ejemplares castigos. Pues bien, Maruja Torres puede descansar tranquila ya que el “adoctrinado” a los intereses occidentales Tribunal Penal Internacional (TPI), prácticamente asegurará la pena condenatoria de Karadzic. Respecto a esta última cuestión es de gran interés un artículo de Augusto Zamora del 11 de agosto de 2008 y recogido por la página Web de Rebelión. Según el articulista Augusto Zamora se echa de menos una “justicia interna”, una comisión de justicia en el TPI que investigue y valore el grado de responsabilidad que tuvo también la OTAN en los hechos por los que se juzgan a los demonizados serbo – bosnios. 

Karadzic ya ha sido “condenado” por sus pecados, los cometidos y los supuestos. La historia ya tiene a su particular carnicero para tratar de justificar cuestiones como la ineptitud internacional en Srebrenica y la hipocresía más intolerable respecto al asedio de Sarajevo. Porque como muy bien comentaba Javier Ortiz en su columna de opinión publicada en el diario Público (23 de julio de 2008) “…la Historia la escriben los vencedores. Y la padecen los vencidos…” 

Luis Pérez Armiño ©

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