Cara y Cruz de la Cumbre Iberoamericana 2012: "cruz", lo que no se dijo en la Cumbre


Escribir desde la reflexión no es lo mismo que informar. Advierto de ello porque estos textos del blog son menos informativos que otras veces. La opinión que contienen está basada en una serie de impresiones que he podido ir haciendo gracias a unos trabajos de investigación y análisis sobre relaciones internacionales que realicé para la universidad, sumados al seguimiento que de la Cumbre he realizado a través de varios medios, especializados e implicados (el mismo boletín de la SEGIBSecretaría General Iberoamericana).

Vayamos con ello, con la reflexión. Hay un dato que se ha querido normalizar, hacer de él menos indicativo de lo que representa en sí. Sobre las notables ausencias se ha corrido un tupido velo, insistiendo en que han sido por fuerza mayor. Como no somos mal pensados optamos por creer en las excusas, en sí son suficientes. Sin embargo, una de las reflexiones criticas que hago es sobre el sesgo “ultranacionalista” que varios gobiernos de América Latina están tomando; no hablo de populismo porque es más complejo que todo eso. Curiosamente esos gobiernos, en casi su totalidad, coinciden con las ausencias a esta XXII Cumbre Iberoamericana.

Argentina vive con su presidenta Fernández un proceso “a la argentina” de bolivarismo. No entraré a juzgar si es bueno o malo, o mejor o peor que haber seguido el modelo brasileño, más parecido a los gobiernos socialdemócratas de corte europeo. Enmendar la plana a los políticos latinoamericanos no es el propósito de este blog, bastante tenemos con los de España. No obstante, la reflexión se encamina a criticar el perjuicio que supone para las relaciones internacionales y la diplomacia de Cumbres la postura intolerante que siempre hay detrás de un proyecto de identidad colectiva o nacionalismo (aunque sea “supranacional”, como es el caso). El ejemplo más claro son las presiones que el gobierno español recibió  del "grupo bolivariano" para que Paraguay no acudiese a la Cumbre. Los paraguayos se habían salido de la corriente bolivariana al destituir al presidente Lugo, afín a ese "espíritu" que recorre el Cono Sur. 

El socialismo bolivariano, el proyecto social y político que lidera el presidente Chávez en Venezuela, imitado por el presidente Evo Morales en Bolivia y por el nicaragüense Ortega, también es interpretado y acomodado a sus Estados por el presidente Correa del Ecuador y por la presidenta argentina, Cristina Fernández. Esos paralelismos son tales que tanto Fernández como Correa están cambiando o han cambiado sus Constituciones y leyes electorales para presentarse a una tercera reelección, como hizo Chávez en Venezuela. La “Revolución”, parece, conlleva varias décadas para su éxito. Esos estilos “personalistas” de gobierno suponen un discurso muy nacionalista, deben apoyarse en identidades colectivas, en masas “soberanas”, para que no parezcan democracias deficitarias o meras “dictaduras”.



La ecuación es fácil de resolver; como se puede comprobar en cualquier alianza o comunidad de carácter político y social se deben ceder ciertos grados de soberanía. Véase la Unión Europea, por ejemplo, aún con todas las pegas que podamos hacer a esa unión cívica y económica que es la UE, existe la cesión de soberanía con leyes comunitarias y un Parlamento europeo. En el caso americano la diversidad, lo heterogéneo de cada región, las políticas “soberanistas” en cada país, impiden o dificultan una verdadera “Unión” política.

Es significativo también que todos estos países prefieran volcar sus energías en nuevas Cumbres y nuevas alianzas, muchas creadas a imagen y semejanza de la política bolivariana de Chávez. El caso de la ALBA, Alianza Bolivariana para América, es el más claro. No se puede reprochar, claro está, que se unifiquen esfuerzos regionales, ya que eso es lo mismo que propone la Cumbre Iberoamericana a escala global. Sin embargo, la reunión anual de los países que conforman la comunidad iberoamericana, desde que se celebró la primera en Guadalajara (México), en 1991, tenía un perfil bajo y en los últimos años se había quedado como un mero acto protocolario y familiar. Era como una esas “obligadas” reuniones de una gran familia el día de Nochebuena, que por afecto y cariño, aunque no puedas “soportar” a tal primo o a cual hermano, se debía celebrar y tenías que acudir. Aún así, incluso acudiendo a la cita, algunos se resisten a salir en la foto familiar, como se puede comprobar en la imagen de arriba, faltando los presidentes Morales (Bolivia) y Correa (Ecuador).

El discreto y esforzado trabajo para sacar adelante los proyectos salidos en cada Cumbre, realizado por las comisiones y organismos de la Secretaría General Iberoamericana, queda siempre lejano e indiferente para el grueso de la ciudadanía. Precisamente el propósito principal de la Cumbre de Cádiz 2012 era una “relación renovada” de cooperación cívica. Así se recoge en la declaración final suscrita ayer por los asistentes: una Comunidad Iberoamericana centrada en favorecer el “desarrollo económico al servicio de la ciudadanía”.

El resultado final es el de siempre, una gran declaración formal de principios. Más difícil es plantear sin tapujos revitalizar la Cumbre y convertirla en una “Unión Iberoamericana”, con Parlamento y Comisión de gobierno, leyes supranacionales (cesión de soberanía) y marcos jurídicos para garantizar el desarrollo económico, apertura arancelaria... Eso está en el orden de las utopías latinoamericanas, en las que a España y Portugal sólo dejan estar como meros observadores. Lo que está más cerca es una revisión del sistema de cumbres, no la Cumbre en sí. El ex presidente chileno Ricardo Lagos, presidirá una Comisión para reconvertir la reunión en bianual... se busca, dicen, mayor eficacia.

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