Gaza, la franja prometida


                           Foto de Reuters

La Tierra Prometida a Moisés pasaba por Gaza, mejor dicho, era la misma Gaza. Esta estrecha lengua de territorio palestino está entre dos colosos de la región, Egipto e Israel. En esta ocasión el papel del pequeño David contra el gigante Goliat lo tiene esta ciudad, Gaza, y su región limítrofe. Los nuevos actos hostiles entre palestinos del grupo Hamas y el gobierno israelí está subiendo la temperatura de la tensión bélica, provocando, probablemente una nueva invasión del ejército hebreo. Si esto fuera así, la balanza del poderío militar y la capacidad destructiva se inclinaría de forma evidente del lado de Israel. Sus buques de guerra y sus aviones tienen a mano, con pasmosa facilidad, la aniquilación de los objetivos que se marquen.

Gaza es un territorio separado del resto de los llamados Territorios Palestinos (Cisjordania), pero no solo por cuestiones geográficas, también por razones políticas y nacionalistas. La franja está dominada por Hamas, grupo terrorista para la mayoría de Occidente y autodefinida como organización palestina “nacionalista, de espíritu yihadista e islámica”. Es innegable que muchas de sus actividades responden a actos violentos indiscriminados que se consideran terroristas y el terrorismo es terrorista, sin resquicios para la “filosofía”; sin embargo, en fuerte contraste con estos actos, podemos comprobar que se estructura en su día a día como eficaz institución gerente de un territorio bloqueado, a cal y canto, por Israel desde 2007. Hamas se ocupa de la educación, la sanidad, la asistencia social, la distribución de alimentos... es un pequeño “feudo” independiente dentro del “reino” de la Autoridad Palestina.


Desde que se hiciesen con el control absoluto de la franja de Gaza, en 2008 cuando expulsaron a lo últimos miembros de  Al Fatah, el partido de Arafat y el tradicional depositario del poder en la Autoridad Palestina, los miembros de Hamas han llevado al extremo su ideario de conseguir un Estado palestino unido, comprendiendo Gaza más Cisjordania y todo Israel (es decir, su desaparición como estado). Ese es el principal obstáculo para que Hamas sea reconocido como representante palestino frente a la comunidad internacional, no aprueba ni el mínimo paso conseguido para la pacificación:  que palestinos e israelitas se reconozcan mutuamente con derecho a poseer un Estado.

En esa obcecación negativa “del otro” quien más sufre esta violencia política del exterminio del contrario es la población civil de cada litigante. Hamas no solamente es un buen gestor de supervivencia, también es una organización muy hábil para conseguir o, incluso, fabricar misiles cada vez más potentes para lanzar contra Israel. No cuenta con un ejército, sí con una milicia radical y fanática. Cuando el ejército hebreo realiza los cínicos ataques selectivos contra los comandantes de esta milicia no tiene en cuenta los posibles daños a civiles de Gaza. Cuando los radicales de Hamas lanzan cohetes se encomiendan a Alá, primero para que el cohete no falle (muchos son de fabricación casera) y después para que cause el mayor daño posible. El objetivo de esos misiles (se ha comprobado que son de procedencia iraní y china, principalmente) no suele ser el ejército israelí, bien pertrechado y resguardado por otro lado, sino las poblaciones hebreas que estén a mejor alcance.

En definitiva, infamias de ayer y hoy de este mundo infame.

Comentarios