Apadrinar a un niño español (1ª parte)



Hace más de 70 años la sociedad acomodada de Suiza se conmovía con las noticias y las imágenes de los niños españoles víctimas de la guerra civil. En Pax augusta publicábamos una serie de artículos de Luis Manuel Expósito sobre la Ayuda Suiza a los niños de España, una organización surgida de la fuerza voluntariosa de un pionero de la solidaridad cívica, Rodolfo Olgiati; ahora, otra sociedad opulenta se vuelve a preocupar por los niños de España. Muchos noruegos han acudido al socorro de las familias españolas que han sido desahuciadas.

¿Qué mueve a una familia noruega a apadrinar a otra familia española? ¿Solidaridad? ¿Las modas de apadrinamiento? ¿La información mediatizada que saca la realidad de contexto? ¿El poder de la globalización que nos hace creer que conocemos todo del “otro”? ¿La cruda realidad de la crisis que está generando pobreza extrema donde no existía? La noticia no causó gran revuelo dentro del país, aunque en el exterior chocó mucho; sobre todo en América Latina, en concreto en Centroamérica, donde la cooperación española en algunos lugares es vital para la supervivencia de poblaciones enteras. Ver a los padrinos ser apadrinados resultaba muy curioso, en una sensación entre sorpresa y comprensión. Ahora los españoles iban a saber lo que es vivir de la caridad.


La caridad ha estado ligada a su adjetivo más común: “caridad cristiana”. Para todos era natural que la Iglesia y sus órdenes se dedicasen a eso. Cuando la caridad se convertía en gubernamental o no gubernamental (ONGs) se llamaba cooperación al desarrollo. Es curioso, la religión sustenta dando el pez sin más y lo cívico enseña a pescar; se ha aplicado mal la enseñanza bíblica o no le queda más remedio que ocuparse de la caridad extrema ante la miseria extrema.


Antes de saltar esta noticia de la compasión de una niña noruega, Sunniva (10 años), hacia Dessiré (4 años), niña española, las instituciones de caridad ligadas a la Iglesia trabajaban más que nunca en el último lustro. Las advertencias de Caritas en los medios, indicando que cada día atendían a mayor número de familias españolas, se añadían a las malas cifras macroeconómicas de paro y recesión, sin una preocupación excesiva. Mientras, las ONGs españolas seguían mandando a los domicilios españoles sus cartas pidiendo que apadrinemos niños de la lejana Asia o de Latinoamérica; lo normal. Hasta que...

Un programa de televisión con gran audiencia en Noruega hizo un reportaje sobre la ‘burbuja inmobiliaria’ y sus consecuencias, en especial el drama de los desahucios relacionados con las familias que dejan de percibir ingresos, con todos sus miembros adultos desempleados, sin cobertura social, teniendo que hacer frente a los créditos hipotecarios que en su momento les sirvió para comprar una vivienda. Expusieron el caso del desalojo de la familia de Dessiré, con todo su dramatismo que nos ha llevado a la alarma social (con suicidios incluidos) de los últimos meses y debió calar tan hondo en el corazoncito de esa niña noruega que obligó a sus familiares a apadrinar a la niña española y su familia con el envío mensual de 400 euros (casi la misma cantidad que se entrega como Renta de Inserción Social).

De esto hace más de un año, el programa se emitió en noviembre 2011; la idea de la familia noruega cundió entre otras de ese país, más que nada porque son veraneantes asiduos en España, muchos con “segunda casa” en suelo español. No podían creer que a sus vecinos del verano se les echase de sus domicilios y a través de la policía y por mandato de ley. En su civilizada y rica Noruega no pasa eso. A mi modo de entender es caridad de pudientes. Desde luego ese dinero a la madre de Dessiré no le ha servido para “aprender a pescar”, pero le ha venido muy bien para salir adelante y complementar sus ingresos, ya que el problema de tener vivienda no se le ha solucionado.

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