Desahucios, caridad noruega y decretos cobardes. Apadrinar a un niño español (2ª parte)



Cada caso de desahucio es un particular y diferente problema. Incluso el que más alarma produjo, con el suicidio de una ex política del partido socialista ante la orden del desahucio, al final, tenía más que ver con los problemas íntimos de una pareja e internos de familia, que una cuestión de paro laboral. De todas formas, no se trata de menospreciar el problema. Si se llega a esa situación tan radical es porque otros derechos, como el trabajo, la asistencia social y el acceso a una vivienda se están viendo atacados de lleno por la crisis. Si estas personas tuvieran elección desearían seguir en sus casas pagando sus deudas, pero el sistema español de crédito hipotecario está montado de tal manera que les echa de su propiedad, les embarga y encima deben seguir pagando la deuda contraída con el banco. Una sinrazón.


Esa sinrazón no se ha ‘racionalizado’ y el Decreto con el que el gobierno español ha intentado frenar la indignación social es una chapuza que solamente contempla la moratoria del pago de la deuda por dos años en los casos más graves. La “problemática media” no se ha abordado. Se debería haber enfrentado el problema de forma valiente y saldar las deudas completas (todos los casos) con la entrega de viviendas y garantizar los alquileres sociales, de renta baja, a estas personas obligadas a entregar sus casas. Medios existen, los bancos y las promotoras inmobiliarias tienen 1 millón de viviendas vacías. Que se embarguen para vivienda social, eso sí sería un Decreto nada cobarde y determinante.

Mientras tanto, los noruegos veraneantes en España seguirán solidarios con los que les sirven el café y la cerveza cada agosto. Conmoverse por un niño sin recursos ahora también puede hacerse con los del país que les ofrece sol y diversión, no hace falta irse tan lejos, a esa África o esa Latinoamérica que no tienen playas con restaurantes que hablan noruego.

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