Nacionalismos y el talón de Aquiles



Cuenta la leyenda que a Aquiles quisieron hacerle inmortal y su madre le sumergió en las aguas del río Estigia, caudal de vida y muerte con propiedades divinas que procura la inmortalidad. En su “bautizo” la arrogante madre que deseaba hacer inmortal a su vástago olvidó que una parte del cuerpo quedó seca de esas aguas, pues sumergió al recién nacido sosteniéndole con una mano del talón derecho, dejando esa parte del cuerpo indefensa. Desde entonces el ‘punto débil’ de cualquier persona, ente o entidad  será su talón derecho. Si la flecha de la desgracia o la injusticia te alcanza ese talón, estás en problemas.

Los nacionalismos surgen (no nacen, pues desde el final de la Edad Media se observa el fenómeno) con identidad clara en el siglo XIX como parte y todo de las revoluciones de ese siglo; la industrial y la burguesa liberal. Es el logro trabajado de la Civitas, de la ciudadanía, en su lucha por conseguir la soberanía. Ahora la relación entre el poder y los individuos no será de forma individual, de señores a vasallos, cada cual respondiendo en esa relación con lo ‘soberano’como individuo; ahora esa relación es de comunidad, de ciudadanos que son soberanos y entablan una relación de igual a igual con el poder. Esas comunidades de ciudadanos cuando toman formas “humanas”, se atribuyen cualidades de ‘individuo’, de sujeto, y se convierten en nacionalismos. Incluso alguna de estas naciones-individuo se consideran inmortales.


La definición consensuada de nacionalismo daría para un debate que sí debiera ser inmortal, pues sería interminable. Pero nos importa ese “baño de inmortalidad” que todos los nacionalismos, sean del tipo que sean, se otorgan. Lástima que a las madres de estas entidades humanizadas, los nacionalismos, también se les olvidó remojar en las aguas del Estigia el talón derecho de sus engendrados o engendros. Einstein dijo en una cita recogida en la Agenda del Vendedor que "el nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad". Un tipo con una inteligencia tan superior resulta incómodo cuando se le oye hablar de algo que no sean ecuaciones de segundo grado. Supongo que el señor Albert Einstein hablaba más como individuo que como sabio, la supuesta inmortalidad de un nacionalismo le obligó a exiliarse a EEUU, lo que da más valor, si cabe, a su cita.

El punto débil de los nacionalismos puede parecer una nimiedad en comparación con sus fornidos y heroicos cuerpos doctrinales, su grandeza de espíritu y su filosofía aglutinadora de almas en pos de una inmortalidad, la nación. Sin embargo, apuntando y acertando en sus talones de Aquiles, pequeños rincones en su gran armadura inmortal, rápido surgen sus flaquezas, sus mediocridades uniformadoras de almas, su fragilidad de espíritu; en suma, su mortalidad y su pequeñez, su condición de virus infantil, de sarampión que hay que pasar, y punto.

Y no confundamos patriotismo con nacionalismo, que todos somos mayorcitos.

Imagen: estatua de E. Herter (1846-1917) en el Achilleion de Corfú  (wikipedia)

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