Benedicto XVI, mala época para ser líder espiritual


El chamám, el gurú, el profeta, el líder espiritual… ¿por qué no nos guían hacia la luz? En tiempos de zozobra esos seres deberían saber sacarnos de la crisis. Benedicto XVI pasará a la historia como un Papa de transición, un intelectual experto en doctrina cristiana y teología que sucedió a un santo. Desde luego no se le recordará como al líder espiritual que logró llevar la esperanza a la humanidad. ¡Y se necesita tanto un liderazgo!

Juan Pablo II resultó ser un líder espiritual, llevado incluso a los altares antes de morir, por su gran capacidad de adaptación a las circunstancias históricas y sociales de su época. Sus políticas tolerantes hacia todo lo que se oponía o enfrentaba a la Iglesia, buscando el acercamiento y el equilibrio de posturas, le permitió logros como la reapertura en la Cuba castrista de la actividad católica, a niveles de dejar libertad de acción al obispado de la Habana.

Sus posturas más reaccionarias, conservadoras respecto a los avances sociales en temas como las nuevas estructuras familiares (monoparentales, madres solteras, parejas del mismo sexo…) o el uso de anticonceptivos (empleados y aceptados en la mayoría de las sociedades cristianas), parecían ser concesiones al “ala dura” del Vaticano, encabezada, precisamente, por su sucesor, el que sería Benedicto XVI.

Benedicto volverá a ser un hombre de biblioteca, un religioso que nunca lideró espiritualmente a su comunidad, solo la reconfortó haciendo ver que fue el humilde secundario que estuvo al lado del gran líder. Su “reinado” se basó en estirar todo lo que pudo el halo de santidad y liderazgo de su antecesor. Poner la “cara dura”, que no la mejilla, ante los escándalos que ya no pudieron obviarse más al faltar el verdadero profeta: pederastia, corrupción política y financiera, espionaje y revelación de documentos…

Todos los pecados capitales que cualquier mundano gobierno comete y que sus sufridas sociedades padecen estarían entre las paredes del Estado que gobierna el vicario de Cristo en la tierra. Un periódico de Roma, La Repubblica, sugiere como causa de la renuncia papal el informe de 300 páginas encargado a los cardenales que investigaron la filtración de información del secretario del Papa. Una novela de intrigas palaciegas, sexo, envidias de poder y malversación económica, que no serviría de ayuda para encabezar el liderazgo espiritual de la humanidad.

Al menos Benedicto XVI sigue demostrando algo que siempre ha tenido, inteligencia. Es inteligente, sea o no verídico el informe, dejar paso a otra cabeza de la Iglesia, algo más joven, para emprender la tarea ardua de “limpieza” y risorgimiento…

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