Discount, una nueva clase social


Hace ya años, cuando aún todos nos sentíamos "ricos", empezaron a proliferar en las grandes superficies de supermercados la sección "discount". Nada raro, eran zonas donde los productos de marca blanca y los considerados de línea básica se exhibían sin pudor. Todas las multinacionales de consumo y sus almacenes disponen de esta opción para los compradores. Los productos se disponen de forma clara, en un apartado del local, ni muy escondido ni muy a la vista. Este espacio cada día crece más, en esta época de recesión económica en la boyante Europa, con mercados siempre bien abastecidos, pero con la necesidad imperiosa de bajar los precios porque el poder adquisitivo del consumidor mengua como el "increíble hombre menguante".

Estos productos discount tienen una imagen pobre, como si su destino a manos modestas no mereciese mayor cuidado que el de un envoltorio simple. La lógica del marketing nos diría que es imposible ajustar el precio si el producto se presenta con un etiquetado atractivo, lleno de publicidad e información; eso encarece el resultado. Estas zonas de gran descuento son ahora el reino de las "submarcas" blancas o  de las marcas gangas. Si los productos de las firmas conocidas o competidoras en primera división pecan muchas veces de confusa información en sus etiquetas o cajas, no digamos más de las etiquetas de esos "productos blancos". Comprar alimentos con derivados de carne a menos de 2 euros puede resultar todo menos una ganga.


Pero la necesidad obliga. El aumento de familias en situación de desempleo, con ingresos mínimos; el predominio de empleos precarios con salarios que ya no llegan a ser ni mileuristas; los recortes salariales en el empleo público y los ajustes brutales en la empresa privada, donde para mantener el trabajo muchas veces el trabajador debe aceptar una bajada de su sueldo, han obligado a más de un consumidor, que quizás nunca lo hubiese hecho, a ser habitual de las zonas de discount. Las crisis económicas en las zonas desarrolladas no producen hambrunas, pero pueden causar alarmas alimentarias relacionadas con los fraudes al consumidor. El dar gato por liebre se convierte en la única manera de reducir costes y bajar precios.

La mala alimentación no sólo podría generar problemas de salud a la larga, también supone entrar en una dinámica peligrosa; permitir que se roben derechos básicos, se distraigan o relajen controles de sanidad y calidad solamente por el interés empresarial, por el negocio, porque se ha de consumir y siempre hay un producto para usted aunque con sus ingresos mensuales no pueda ni hacer frente a la hipoteca. 

Lo increíble es que todo se acepta con naturalidad, con resignación; nada hace prever que llegará una revolución que al igual que tuvo desharrapados tenga consumidores de discount.



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