El Valle de los Caídos; la memoria, la verguenza y el olvido



Hace ya más de dos años una comisión de expertos fue puesta a valorar, desde la perspectiva histórica y social, qué hacer con el monumento del Valle de los Caídos, donde yacen los restos mortales del dictador Francisco Franco, junto a los de miles de ciudadanos anónimos muertos durante la contienda civil, entre 1936 y 1939. La crisis económica, los recortes en educación y sanidad, en las universidades, en la investigación, son el ojo del huracán informativo que no dejan ver las consecuencias que estos remolinos de recortes están ya generando. El asunto del monumento tan controvertido, llaga de la memoria histórica del país, queda olvidado y relegado por los imperativos de la crisis. Un error, pues saldar cuentas con nuestro pasado ayudaría a entender mejor el presente y a construir un futuro idóneo. Porque los futuros, damas y caballeros,  como los fastuosos monumentos, se pueden construir.

El artículo que sigue fue una crónica del trabajo final de esa -olvidada- comisión de expertos. La verdad es que me sonrojo de mi ingenuidad, la pueden ver en toda su plenitud al final del texto.

El gobierno ha concluido que es imposible exhumar los cadáveres de los republicanos que el dictador Franco mandó enterrar en el Valle de los Caídos. El equipo de forenses enviado a estudiar la posibilidad de extraer los restos que reclamaban varias familias de estos vencidos en la guerra civil, ha dictaminado que es una tarea inútil. Los restos óseos están en pésimas condiciones, por la humedad y los derrumbes del granito de la cripta, mezclados unos con otros, resultando imposible el reconocimiento fiable de la identidad de los cuerpos.


Misión imposible o dejadez política

En el Valle de los Caídos sólo están identificadas con nombre y apellidos 21.317 personas de las 33.847 que yacen anexas al dictador Francisco Franco. Se intentaba atender a los ruegos y peticiones, con respuesta legal y gubernamental, de familiares de republicanos fusilados cuyos cuerpos fueron expoliados para dar satisfacción al general Franco, que ante la negativa de muchas viudas de combatientes nacionales de ocupar con los cuerpos de sus maridos la cripta del monumento, exhumó cadáveres de combatientes y represaliados republicanos por todo el territorio español.

"Tienen que rescatarlos de ese lugar inenarrable. Cueste lo que cueste". Son las angustiosas palabras de Fausto Canales, hijo y sobrino de dos republicanos asesinados, arrojados a una fosa común y trasladados después sin consentimiento de la familia al Valle de los Caídos. El mismo vicepresidente del gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, han intentado explicar la imposibilidad de esa petición en varias reuniones en este mes de mayo con los familiares.

Finalmente, quedan abiertas las luchas particulares en el ámbito legal y jurídico de algunos familiares que no se dan por vencidos, que no se resignan; pero a nivel político la salida tiene forma de comisión de estudio.

Comisión de estudio para qué hacer con el Valle de los Caídos 

El vicepresidente Rubalcaba, ha propuesto a los portavoces de todos los grupos del Parlamento un esfuerzo para abordar este asunto de una vez y llegar a consensuar qué hacer con el Valle de los Caídos. La principal idea es convertirlo en un monumento "de reconciliación".

El Ejecutivo quiere aprobar un real decreto que constituya una comisión de expertos de diferentes disciplinas (historiadores, arqueólogos, paleontólogos, forenses…), con la coordinación del ministro de la presidencia, Ramón Jáuregui, y que sea esta comisión de especialistas los que decidan qué hacer con el mausoleo y, lo más peliagudo, qué hacer con los restos del dictador.

Esta comisión sería el transcurrir político normal de una ley aprobada por todos los grupos parlamentarios: la “ley de memoria histórica”. Ya es tiempo. Ha llegado el momento, casi un siglo después de la Guerra Civil española, de que España tome conciencia histórica de su Memoria. El pasado más trágico en otras naciones también ha dejado huellas y se ha sabido convertirlas en recuerdos honorables de los valores fundamentales: los derechos humanos.

Ejemplos y precedentes honorables

Ejemplos. El “Lorraine Motel”, en Memphis (Tennessee), donde fue asesinado el 4 de abril de 1968 el activista y reverendo Martin Luther King Jr., es hoy día el museo nacional de los derechos civiles. En la costa atlántica de Benín, en la ciudad de Ajudá, la fortaleza que construyeron los portugueses en su colonia para controlar el tráfico mercantil de esclavos, conocida como “Fortaleza de São João Baptista de Ajudá”, alberga en la actualidad uno de los mejores museos sobre la esclavitud y es, en sí mismo, un monumento para “no olvidar” tan ominosa etapa de la historia de la humanidad.

Más apegados a la actualidad y tan difíciles de“superación del pasado”son los diferentes museos y monumentos de reconciliación y memoriales relacionados con el periodo de la Alemania Nazi. En Alemania desde que fue vencido Hitler y su régimen, en diferentes fases, generación tras generación, la cuestión de la memoria histórica ha sido tratada por la sociedad y sus gobernantes; no sin agrios debates o espinosos asuntos, pero ha sido enfrentada, tratada como cultura de la memoria en la conciencia histórica del país.

Puede que en breve, el monumento mausoleo delirante de un dictador (único caso en Occidente), se convierta en un museo honorable de la memoria histórica de España.

Fuente de la imagen:  FeelMadrid.es


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