En busca del líder de la revolución: ¿Algún médico en el pasaje?


El mundo es un gran aeroplano y ha perdido dos de los cuatro motores. Entre los pasajeros hay varios heridos por las convulsiones del fuselaje, los baches aéreos y el estado de pánico que ya ha provocado algunos infartos. ¿Algún médico entre el pasaje? Gritan las azafatas. Nadie levanta el brazo, se miran unos a otros con la angustia de la ausencia de un salvador. Para colmo entre los heridos más graves están el piloto y el copiloto, alguien sin pensar mucho hace la estúpida pregunta: ¿algún piloto entre el pasaje? El silencio es aún mayor que con la demanda de médicos. De pronto, como por inercia, alguien divaga diciendo que estudió algo de enfermería, que podría intentar curar a los pilotos y así podrían recuperar el control de la aeronave.

Esta burda metáfora me sirve para reflexionar en estos tiempos de crisis sobre algo que me preocupa sobremanera. No sé ustedes, pero yo no me siento tan inteligente y con tanto poder individual como para no necesitar un "faro", un reconfortante pilar donde sustentar mis angustias y poder aliviarlas sabiendo que no caeré en picado como un avión sin motores.

Siguiendo con las metáforas (espero que estas no les parezcan tan simples) me gustaría alguien que me crease auroras boleares y arcos iris, campos de amapolas y suaves brisas marinas... y no estoy pensando en un dios bíblico que descanse al séptimo día, qué va, me refiero a una mujer o a un hombre que actúe pensando y piense actuando. Cuando han existido crisis económicas con graves implicaciones sociales, las personas suelen refugiarse en los sitios comunes; desde la religión y su confort espiritual hasta en la esperanza en la sabiduría de los que les gobiernan. Sí, lo que oyen, hubo una época en la que se confiaba, con naturalidad, en los dirigentes y en los carismáticos líderes. No me digan que no la recuerdan, está a la vuelta de la esquina...

Todo país o toda civilización, tiene su macro y micro historia, su memoria colectiva e histórica. Sin embargo, eso parece importar un pimiento. Cuando Marx y Engels escriben el tratado político conocido como El Manifiesto Comunista estaban actuando con los tangibles mimbres de su existencia, rodeada del realismo impuesto por las revoluciones políticas, mercantiles e industriales iniciadas apenas un siglo antes. Ahora, en esta segunda década del siglo XXI, todo parece intangible y los pensadores, analistas e intelectuales que pretenden enfrentarse al horrible corazón de la bestia, la crisis del capitalismo, lo hacen a "toro pasado" o como economistas haciendo predicciones con un tufillo de "Realpolitik" a lo cabeza cuadrada (pragmatismo) germana, que en el fondo es la misma cantinela previsible y de siempre que nos aburre con lo de "hay que hacer lo que hay que hacer, lo que se debe hacer", para que la economía vuelva a ir bien.

Es decir, no hay un médico o una doctora en el avión con turbulencias y los "espontáneos" que salen voluntarios no sabrían ni curarse un resfriado. Me mandaba un amigo un artículo interesante sobre la crisis desde un punto de vista ético y kantiano; en ese texto se dicen cosas que ya se han apuntado en otros análisis, como que la economía y su estado de salud es la que domina la escena, que los líderes políticos ya solamente pueden someterse a la tiranía de los poderes financieros. La diferencia con otras reflexiones es la aportación kantiana de como ha terminado predominando en las sociedades una ley de la razón moral basada en el individualismo y en los intereses propios o, como mucho, en los de un grupo elitista o minoritario. (...) "el interior de toda persona seguía una ley central, del mismo modo que el movimiento de los astros cumplía la ley de la gravedad. Como es sabido, Kant expresó esa ley de la razón moral así: obra siempre de manera que puedas desear que tu comportamiento se convierta en legislación universal" (Artículo completo).

Todos los pasajeros del avión averiado, con los motores en llamas, nos preocuparíamos, cada uno, por salvar nuestras vidas. Es obvio y hasta comprensible. Pero tan flagrante ausencia de moral social, en el fondo, nos llevará a la destrucción. La solución en la metáfora burda del avión en llamas estaría en una ley de la razón moral que impulse a cuántos más mejor pasajeros del avión a convertirse en improvisados médicos y curen a los tripulantes. Sanando a los pilotos se salva todo el avión; por eso ¿hay algún médico entre el pasaje?

Gustavo Adolfo Ordoño ©


Fuente y autoría de la imagen: El Tío Sam revolucionario


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