Julian Assange y la ultra transparencia


Julian Assange permanece “autoexiliado” en la embajada de Ecuador en Londres. Los motivos: piensa que en cuanto ponga el pie en la calle le detendrán o, peor, le matarán. Cree que no existen garantías procesales y jurídicas en Suecia para que se elabore el juicio contra él por supuestos abusos sexuales. Curiosamente lo piensa de uno de los Estados número uno en todos los ranking sociales, incluido el de más elevados niveles de democracia y transparencia. Paradojas.

El “pirata informático” (no es un profesional del periodismo) número uno en la lucha por la transparencia luego resulta opaco frente a la justicia. ¿Es qué la CIA da mucho miedo? Supongo que sí, aunque sinceramente si le hubieran querido matar ya lo habrían hecho. La realidad supera la ficción y estas agencias de espionaje que “amenazan” al director de Wikileaks han tenido incontables oportunidades de hacer “desparecer” al señor Assange. Podía arriesgarse y enfrentarse al juicio; tiene buenos abogados y poder mediático suficiente para demostrar que es inocente y todo es un montaje de los superpoderosos. Pero Julian Assange se cierra en banda, se hace hermético siendo ultra transparente.


Ya he escrito en este blog sobre Assange y su proyecto de transparencia total, de hacer ver al mundo que nos controlan desde el día que nacemos, ahora más y mejor tras la existencia de Internet. Ya he comentado que me parece un propósito fallido, una ingenua (que ni a romántica llega) y superficial lucha que cualquier analista y activista social hace mejor desde el sillón de su casa y con su portátil. Demostrar al mundo que el ejército de EEUU utiliza la guerra sucia y abusa de sus superpoderes es algo tan cándido como el mero hecho de expresarlo. ¿Es qué alguien lo dudaba? Mi reproche tiene que ver con el valor real de esas revelaciones. Cuando una sola de ellas acabe como hilo de investigación para llevar a un tribunal, no ya al gran jefe, sino a cualquier brazo ejecutor de esas aberraciones o escándalos, mi opinión sobre Assange cambiará.

Mientras tanto, protesto porque se nos olvida que antes que Internet estaban las bibliotecas y hemerotecas. No hace falta montar la que ha montado el albino luchador por la Verdad para saber lo malo malísimos que son los grandes poderes, los fácticos y los de hecho. Hace poco me topé con un libro, en edición ya de bolsillo, cuyo autor es ahora el fundador de verdaderas luchas activistas sociales, John Perkins; el título daba “miedo”: Confesiones de un gángster económico (2004); Barcelona. Ediciones Urano. Antes de darle por las ONGs, este caballero se dedicaba a endeudar países en vías de desarrollo para favorecer a las grandes multinacionales estadounidenses. Lo cuenta, con todo detalle y franqueza en su libro.

Hay un refrán español muy ilustrativo (¿cuál no lo es?) que viene a decir: dónde las dan las toman. Otros inquietos activistas o productores de documentales con vista de negocio han querido conocer a Assange, saber algo más de este hombre que dice estar haciendo “el trabajo de su vida”. Alex Gibney es uno de estos documentalistas independientes (no pagado por una gran productora) que cuando intentó “acercarse” a Julian Assange encontró trabas del tipo, “mi caché por entrevista de este tipo (documental) es de un millón de dólares”. Gibney se quedó alucinado, pensando de dónde sacaba Assange el baremo para ponerse precio en el mercado. Se podría hacer caso a lo que Assange declara en sus entrevistas, la más reciente la de Jordi Evolé en su programa Salvados, que todo es un complot para desacreditarle. O lo que dice una de las ex voluntarias de Wikileaks y ahora una de las acusantes, Anna: “se hizo muy arrogante. Comenzó a imaginar que la agenda de transparencia y Julian Assange eran lo mismo.”

Fotografía: fotograma del programa Salvados de La Sexta TV

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