Brasil, pero... ¿todo sigue igual?


En uno de los primeros artículos del blog divagué (porque las primeras entradas de un blog suelen ser divagaciones hasta que el autor "se centra") sobre la frase hecha: ¡Qué No le vendan la bici!... o la moto, que también se dice así. En ese escrito les decía irónicamente que Sí les vendieran la bicicleta, que montasen sus mentes a dos ruedas y pedaleasen, rodaran sus pensamientos en equilibrio, hasta alcanzar las cumbres para luego poder decir ¿y ya está?, ¿esto es todo? 

Les recuerdo ese inspirado texto porque nos habían vendido a la opinión pública mundial la bicicleta robusta y ágil de la prosperidad y el desarrollo en países que de emergentes pasaban a ser prometedoras potencias económicas; como Brasil, Venezuela, Argentina, Turquía o la “lejana” India. Pedaleábamos con la feliz idea de que el mundo era un mundo mejor, más rico, donde grandes países en población y recursos se sumaban al tren del desarrollo pleno. No hay nada como el viento en la cara de un paseo plácido en bicicleta, así teníamos instalada esa idea en nuestras mentes, igual que la brisa fresca en un atardecer del final del verano impulsados por la inercia de una calle abajo dirección a una infinita playa. Todo era maravilloso.

¿Cómo pinchó la bicicleta y frenamos de golpe? Si las protestas de Turquía nos parecieron “fuera de lugar”, sorprendentes porque el contexto nada anunciaba y el inicio de las protestas pareció trivial, en Brasil esas protestas han resultado si no tan sorpresivas igual de descontextualizadas. El país, en teoría, vive en la ilusión de ser la sede del próximo Mundial de Fútbol y de constituir el foco de atención mundial durante años al celebrar también los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Todo maravilloso y todo conseguido porque los indicadores económicos demostraban que el Estado brasileño sería capaz de asumir esos retos. ¿Entonces, las protestas a qué vienen?


No vamos a entrar en valoraciones maniqueas, de blanco o negro, del estilo de que en el fondo Brasil, Turquía… siguen siendo países en vías de desarrollo. No, porque entre otras cosas sí es cierto en muchos aspectos las mejoras socioeconómicas conseguidas y el desarrollo mejor distribuido en la última década por esos países llamados emergentes. Además, este tipo de protestas están abundando en el considerado ‘Primer Mundo’; haciendo otro símil esas protestas de Brasil y Turquía son reflejo de su desarrollo a semejanza de los europeos, que ahora encabezan las protestas sociales que parecían propias de naciones en vías de progreso. Las reclamaciones a un lado y al otro del mundo son idénticas, aunque las coyunturas sociales y económicas sean distintas. Creación de riqueza, de puestos de trabajos dignos, ausencia de corrupción, mayor calidad democrática y equilibrado reparto de esas potencialidades económicas.

Otra gran similitud entre todas las protestas, europeas y brasileñas, es el desasosiego de la juventud, el malestar profundo de los jóvenes. En Brasil las protestas tienen cierto liderazgo en los jóvenes de ‘Paso Libre’, como ocurrió en Turquía, España, Portugal, Grecia, Francia o Italia. La desazón e incertidumbre que sufre la juventud europea por un futuro hipotecado y traumatizado por la crisis es idéntica a la vivida por los jóvenes de países emergentes. La desconfianza en la clase política también.
  
Una conclusión sería arreglar el pinchazo de la bici para seguir pedaleando y reflexionando sobre el tema, podemos también susurrar el estribillo de la canción cantada por Julio Iglesias, “La vida sigue igual”; completando así otro cuadro bucólico para la opinión pública:


Siempre hay por quien vivir por quien amar
siempre hay por que vivir por que luchar
al final las obras quedan las gentes se van
otras que vienen las continuaran
la vida sigue.... iguaaaal ....



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