Facebook, Twitter, Google+... las nuevas fronteras entre "ricos y pobres"



El texto es un fragmento de uno de mis trabajos para el Máster de Historia Contemporánea de España en el contexto internacional; se trata de un análisis del documental “Fronteras, muros y apartheid: Una cartografía del miedo”; producido y editado por el CEMAV (Centro de Medios Audiovisuales) para el Canal UNED


[...] Hay toda una industria que vive de la seguridad, incluso que vive para burlar esa seguridad (la de otros o la de sus mismos ciudadanos). El espionaje y el contraespionaje ya no es sobre plantas nucleares o fábricas de armamentos, ahora cualquier dato personal puede servir para desentrañar una trama terrorista; según la voluntad de este “negocio del pánico” todos somos sospechosos hasta que se demuestra lo contrario. En el caso del emigrante esa sospecha es doble. Por un lado se desconoce todo de él (su identidad), es el extraño que puede acabar siendo el enemigo; por otro lado él mismo, el inmigrante, puede ser el espía, el mercenario,“la quinta columna” del enemigo que convive con nosotros (...)

(...) Las migraciones pueden seguir respondiendo a criterios y motivaciones de carácter clásico, pero esa amplitud de movimientos, tanto de información como de gentes, que es propia de la globalización, también afecta a la idea que se ha tenido y se tiene del emigrante. Por lo visto, esa libertad de movimientos y desplazamientos que la globalidad alienta no ha tenido fronteras para el capital financiero, para las grandes inversiones, para las multinacionales o corporaciones nacionales que buscan nuevos lugares de producción (la deslocalización). Se ha creado un migrante trabajador de alta cualificación, que ha seguido a sus empresas allá donde éstas han recolocado sus industrias.

Esas compañías que han desembarcado en países en vías de desarrollo lo han hecho con las fronteras abiertas, con todas las facilidades del mundo. Sus fábricas han atraído a los trabajadores rurales y han generado o potenciado la inmigración interior en esos países. Nuevas realidades que provocan viejos fenómenos, consecuencias conocidas como el éxodo rural de los trabajadores agrícolas hacia las zonas urbanas o núcleos industriales, propio de toda sociedad con una economía en desarrollo y avanzando o reformando su industrialización.


En la vertiente político-jurídica (normativas) es donde la confusión es mayor con la idea actual de frontera, la aceptación de los muros o el reconocimiento de la existencia de formas de apartheid. Como no se ha dado con la manera de gobernanza adecuada, que nos permita estar conformes, en un mundo global y en apariencia con fronteras difusas, se dan contradicciones del estilo de exigir el gobierno de Estados Unidos a las compañías aéreas internacionales que sobrevuelen su espacio los datos personales[1]de todos sus viajeros, incluso de los vuelos sin escala en su territorio, y luego contar con las empresas privadas monopolizadoras del mercado de las redes sociales (Facebook, Google+, Twitter…) que viven de la cesión voluntaria de los datos personales de millones de usuarios de todo el mundo.
  
El miedo parece estar en la base de todo. Así lo apunta el profesor Ramón Cotarelo de la UNED en el documental y es otra de las tesis aportadas en este documento y que nos interesa porque es evidente la gran influencia que los miedos de las sociedades están teniendo en la reformulación de los fenómenos migratorios, en la creación de nuevos muros y en las reinventadas discriminaciones (los apartheid); como esa otra interesante aportación de Ferrán Montesa, director general de Le Monde Diplomatique en español, cuando expone que se crean “los muros de incomunicación”, nuevas barreras en este espacio mundial globalizado que se basan en el acceso o no acceso al uso de las redes sociales, al consumo o no de estas redes, el estar o no estar en ellas como nueva discriminación; en suma, al poder usar la informática o al no poder usarla, “al info rico y al info pobre”; según sus palabras [...]

Gustavo Adolfo Ordoño © 

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