Japón-España; España-Japón. 400 años de relaciones



Una "embajada" era antes una expedición de viajeros que mandaba un monarca o un jefe de una nación para entablar relaciones con otra u otras naciones. Es el caso de la llamada ‘Embajada a Europa de la Era Keicho’. Para conmemorar tan singular viaje del samurai Hasekura Tsunenaga, jefe de la misión diplomática japonesa a España, se están realizando varios actos y eventos culturales e institucionales en el ámbito de la embajada (esta física, hablamos del edificio) japonesa en Madrid.

Uno de los detalles más curiosos será la moneda conmemorativa de 10 euros que sale, acuñada como “doblón” de plata, al mercado del coleccionista y del particular en estos días. En ella se aprecia al samurai orando ante un crucifijo, lo que nos habla del primer contacto europeo por aquellas tierras del Sol Naciente marcado por la religiosidad y por las “otras misiones”, las que llevaban a cabo los frailes en misión evangelizadora. El santo de los jesuitas más misionero, San Francisco Javier, estuvo una década entre Japón y la India, los años de 1541 a 1551.


El primer embajador japonés, Tsunenaga, emprendió un viaje desde el puerto de Tsukinoura, provincia de Miyagi, hasta el puerto de Sanlúcar de Barrameda (Andalucía, España), que le llevó casi un año de completar. En realidad su embajada también incluía llegar a Roma y ser recibido por el Papa; por lo que para la historia diplomática ha quedado como el primer viaje consular japonés por Europa en el siglo XVII, desde 1613 a 1616 que regresó al Japón. En la Web de la embajada japonesa, se aprecia con un buen mapa el largo viaje del samurai.

Como acto central se contó con la visita del Príncipe Heredero del Japón, Hiro-no-miya Naruhito Shinno, Naruhito, a secas, para los allegados y otras testas coronadas, en el pasado mes de mayo. Los actos culturales se prolongarán hasta el año 2014, porque se llevarán a suelo japonés. Existe bastante documentación de esa misión de embajada japonesa, recibida por Felipe III en 1615. Cuatrocientos años después el tiempo no ha mitigado los tópicos y estereotipos que se dan entre los dos pueblos. Para los españoles el Japón es el lejano Oriente, tierra de gente trabajadora y sumisa como nadie a sus dirigentes. Para los japoneses, España, a pesar de su modernidad “occidentalizada” sigue siendo un lugar exótico, lleno de pasión y diversión. No en vano, Japón, es el único país del mundo que tiene un ‘parque temático’ sobre otro país: España.

Don Quijote se pasea con Sancho Panza en un pueblo de cartón piedra que imita a una villa entre manchega y andaluza. Medio Barcelona y otro tanto de Madrid está recreado en ese Parque de Ocio Familiar en la ciudad japonesa de Shima. Por el contrario, en España, vagamente se recuerda a Japón como no sea en los buenos restaurantes japoneses, puestos de moda gracias a la alta cocina; o los jardines estilo nipón, también de moda, o por las marcas de vehículos que a buen precio asaltan el mercado europeo.


Por eso, está bien conmemorar 400 años de relaciones incrementando los intercambios culturales que permitan un mayor conocimiento, al público en general, de cada país de la realidad social y cultural de unos y otros. 


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