Un nacimiento Real y dos abdicaciones


En los últimos meses la vieja Europa ha visto cómo dos monarcas abdicaban de su corona (Holanda y Bélgica) y cómo nacía el primer biznieto de la reina Isabel II de Gran Bretaña, que será el tercero, si no me equivoco, en la línea de sucesión de la familia real británica. La monarquía en Europa sigue conformando gran parte de los sistemas estatales de países con larga historia como naciones. Las monarquías constitucionales surgían al amparo de las democracias liberales que se consolidan en las primeras décadas del siglo XX. Aunque aún muchos confunden república con democracia y monarquía con autoritarismo, las democracias se instalaron sin estridencias en la mayoría de las coronas que reinaban Europa por esos años.

Es curioso que las monarquías que fracasan tras la paz de la Segunda Guerra Mundial sean las que sufrieron el fenómeno de los fascismos o totalitarismos en esos primeros años del siglo XX. Italia y Alemania no recuperarían sus monarquías, si bien esta última ya era republicana cuando llegó Hitler al poder, se contempló seriamente por parte de los nazis el regresar al sistema monárquico. Finalmente tras 1945 se confirmaron las caídas definitivas de estas coronas, más a medio plazo y habiendo experimentado circunstancias similares (dictaduras, golpes de estado, intentos de república... ) las de Bulgaria (1946), Yugoslavia (1945), Rumania (1947), Albania (ligada a la corona italiana desde 1939); Grecia sería monárquica hasta 1973, pero durante esos casi 30 años desde el fin de la guerra mundial se mostró como una institución débil que nada “pintó” en la guerra civil (1945-1949), ni en la época del 'Golpe de los Coroneles' (1967-1974).


Parece que si no existía una fuerte raíz monárquica en esos Estados, hundida en la tierra de la historia medieval, era muy difícil que el árbol genealógico de la corona creciese sólido y seguro. Las circunstancias acababan talando el tronco real e instaurando a la república como garantía democrática. Tampoco hizo mucho por la supervivencia de esas monarquías el apoyo y la colaboración de éstas a los regímenes totalitarios que se formaron en sus países. En el caso de España habría que darle la mención de honor de la particularidad. Si bien está demostrado que el padre del actual rey, don Juan, intentó convencer al general Franco de luchar a su lado para derrocar a la República (un régimen democrático) y que deseaba con ello restaurar la monarquía en España, nunca sabremos si ese propósito fue para volver al constitucionalismo o para compartir el poder con la dictadura, al estilo de Miguel Primo de Rivera y del monarca derrocado, Alfonso XIII.

Europa es una de las regiones más prósperas, modernas y democráticas del mundo. Aún perviven en su seno siete monarquías, instituciones tradicionales, con los avatares políticos y sociológicos de sus tiempos; a los que se han tenido que adaptar los coronados con mayor o menor fortuna, como al aceptar el hecho natural y “popular” de pagar impuestos. De todas ellas la que se muestra, sin duda, más fuerte es la británica. Es increíble (tras la “historia rosa” protagonista de las últimas décadas) cómo se mantiene tan en buena forma esta vieja corona europea, dato que se ha podido comprobar en la exaltada aclamación popular por el nacimiento del hijo del príncipe Wiliam y de Kate Middleton, duquesa de Cambridge.
   
El papel de los reyes en la actualidad ha quedado en un rol protocolario, representativo a escala nacional e internacional del Estado donde reinan... pero no gobiernan. A pesar de no contar con poder político, en cada monarquía europea los reyes han “servido” para algo... hasta ahora. Por ejemplo, en España como garante de neutralidad durante la transición democrática; en Bélgica, aún con la losa de los escándalos, el rey Alberto II fue clave para la estabilidad social y política durante la eterna crisis institucional entre flamencos y valones, incapaces de dar un gobierno unitario al país... de todas formas, como ya se preguntan muchos editorialistas europeos a medida que la crisis económica afecta a los cimientos de los estados del bienestar y que a las sociedades europeas les cuesta cada vez más tolerar los casos de corrupción y nepotismo en las familias reales, se puede aclamar ¿¿¡Viva la Monarquía!??

Comentarios

  1. Independientemente de que no podría yo ser monárquica porque mi país no tiene tradición monárquica sino solo republicana, -al menos desde la independencia- también creo que la función de la monarquía ha dependido de la época histórica.

    Pero me parece que en la actualidad el espacio monárquico es un espacio sustraído al democrático-republicano, porque hay ámbitos de la monarquía que funcionan como verdaderos puntos ciegos que una democracia no puede controlar. Esto explica muchos hechos de corrupción.

    Pero en el caso de la monarquía británica esto explica el lavado de dinero, de cantidades de millones y millones de dólares a través de los paraísos fiscales hasta la City de Londres que se rige por códigos tradicionales y corporativos particulares. La Jornada de México del día de hoy dice que acaban de fugarse de ese país 13.000 millones de dólares ¿dónde crees que irán a parar?

    El espacio monárquico como espacio sustraído al orden democrático ha permitido también prácticas coloniales como la expulsión de los indígenas de la isla Diego García, en el archipiélago de Chagos, incluidos niños, para instalar allí una base militar estadounidense solo con la firma de la bisabuela del niño George.

    Por último, todo lo que se ha publicado últimamente sobre el heredero del trono británico, es propaganda gratis que la mayoría de los medios de comunicación del mundo le hacen a la monarquía británica, un ahorro de millones en publicidad.

    Monarquía británica que al promover este culto, encubriendo otras realidades menos halagüeñas, termina ganando por partida doble y triple.

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