El oro de Moscú, el mito y la historia



El debate entre los historiadores no está zanjado. Para unos fue una medida de financiación necesaria en un régimen sin apoyos internacionales, tenía que costear la guerra contra los sublevados. En cambio, otros afirman que fue un error grave, un fraude, que los soviéticos nunca devolvieron en bienes de equipo, material de guerra y suministros lo equiparable a las 510 toneladas de oro que se enviaron desde el puerto de Cartagena al de Odesa, puerto soviético en el Mar Negro.

Una decisión de estado

Atribuir la decisión de “exiliar” casi todo el oro del Banco de España a una decisión de estado en tiempos de conflicto sería lo más fácil. De todas formas, y de ahí viene la controversia, el caos de gobierno existente en la República los primeros meses de la guerra hacen de esta decisión tomada desde el ministerio de Hacienda dirigido por Juan Negrín un inconveniente más para la unión de las fuerzas republicanas.

Las decisiones políticas debían ser tomadas sobre la marcha, con presteza, para garantizar la defensa de Madrid. En un primer momento la impresión arrolladora del avance franquista hizo pensar, el mismo 1936, que la capital de España caería enseguida en manos de los golpistas. El presidente del ejecutivo, Largo Caballero, ordenaba al ministro Negrín que preparase la evacuación de la reserva áurea del banco central.

El mito

En 2007, cerca del domicilio donde vive en Madrid el ex secretario general del PCE (Partido Comunista de España), Santiago Carrillo, aparece una pintada en una pared: "¿Dónde está el oro de Moscú?". Se escribieron también amenazas e insultos que no vamos a reproducir. Eran pintadas de la ultraderecha española que avivaban el mito creado por la propaganda franquista de que el oro fue “regalado” a los comunistas rusos y españoles.

La dictadura debió hacer frente a grandes deudas contraídas. Se encuentra con las reservas del Banco de España agotadas. Debe pagar a la Italia de Mussolini y a la Alemania nazi todavía gran parte de la ayuda militar (decisiva para ganar la guerra) ahora que es “el verdadero estado español”, controlador de la hacienda estatal. Para demorar los pagos se argumentó que el oro de España había sido robado por Stalin.

La propaganda

El término publicista “oro de Moscú” ya se había empleado antes, durante el periodo de entreguerras, pues la prensa occidental, la prestigiosa revista Time concretamente, acuñó el término “Moscow Gold” para criticar la descarada financiación que Stalin hacía de los partidos y sindicatos comunistas en los países occidentales. Estaba dentro de los planes de la URSS de “revolución mundial del proletariado”.

Por eso la propaganda anticomunista del régimen franquista “encajó” a la perfección esa idea del robo del oro español con el término, “el oro de Moscú”. Desde entonces la leyenda, la confusión de la verdad, la falta de datos fiables, el debate chovinista se ha instalado en la opinión pública española y en la historiografía aportada por los investigadores.

La leyenda

Para la leyenda quedan multitud de libros desde la década de los 70. Documentales y películas, como la “berlanguiana” comedia del actor y director Jesús Bonilla titulada, precisamente, “El Oro de Moscú” (2003) con él mismo entre los protagonistas, Santiago Segura y Antonio Resines entre otros.

En la película se plantea con humor que el oro nunca llegó Moscú, que haciendo caso a una de las leyendas fue robado por los guardias que custodiaban su envío al puerto de Cartagena. Uno de ellos, anciano ya, antes de morir le confiesa a un joven enfermero de la España actual dónde escondieron el oro. Las estrambóticas aventuras para encontrarlo constituyen el argumento.

Cuestión de investigación histórica

Los estudios históricos más rigurosos valoran que el ministro y luego presidente Negrín llevó una escrupulosa contabilidad del oro que llegó a Rusia, aportada por su hijo Rómulo Negrín que ha sido estudiada por el historiador económico Pablo Martín Aceña (“El oro de Moscú y el oro de Berlín”, Madrid, Editorial Taurus). Están todos los comprobantes de las operaciones que el presidente Negrín guardó celosamente, hasta su muerte ocurrida en Francia en 1956 durante el exilio.

Otros investigadores, aún reconociendo que el oro se empleó esencialmente para pagar los suministros bélicos soviéticos que permitieron resistir a la República, matizan que existen muchos puntos oscuros en las gestiones contables. El más grave sería el “timo ruso” del cambio de divisas.

El hispanista Gerald Howson, en sus investigaciones, estima que solamente con la confusión de la época en el tipo de cambio (entre una moneda casi ya fantasma, la peseta republicana y el dólar), los soviéticos pudieron “marear” a la República unos 55 millones de dólares, viéndose engañada así por sus aliados más fieles. Pero eso no es robo o “desaparición” del oro, eso era mal comprar y mal administrar con su valor en dinero.

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