Libia antes de Gadafi, una invención del colonialismo europeo

Mapa de Libia y su entorno geopolítico 

La Historia parece jugar con las fechas. En estos días se cumplen el 150 aniversario de la unificación italiana y los cien años de la colonización de Libia por el reciente estado italiano. Sólo habían pasado cincuenta años de su constitución como reino unificado, vencido en el norte el imperio austrohúngaro, cuando Italia decidió convertirse, para no quedar atrás en el concierto europeo, en nueva potencia colonizadora.

Libia, invento italiano

En concreto, fue el 28 de septiembre de 1911 cuando las tropas italianas desembarcaron en las costas de Trípoli y comenzaron la conquista de las regiones otomanas de Tripolitania y Cirenaica, básicamente lo que hoy es Libia. A ese conflicto se le conoció como la guerra Italo-Turca y supuso parte del desalojo que ya habían empezado franceses e ingleses del dominio turco en el norte de África. En apariencia fue una guerra fácil para el nuevo ejército italiano, que en poco más de un año logró dominar ambas provincias del decadente imperio otomano.

Esa facilidad fue relativa, porque desde el mismo día que pusieron el pie en esas costas norteafricanas los italianos iban a sufrir una prolongada guerra de guerrillas. El dominio efectivo de la región costó a Italia casi treinta años, hasta sofocar las revueltas que lideraba el mítico líder beduino, Moustapha Akkad. Hay una película de 1981 protagonizada por Anthony Quinn, El león del desierto, que como dato ahora irónico está coproducida por el mismísimo Gadafi y Hollywood.

Los italianos se apoderan de esas provincias del antiguo imperio turco sin experiencia colonial previa, llevan poco tiempo en el mundo como nación, pero no desean ser menos que el resto de los europeos. Hasta España, potencia en total declive desde el “desastre del 98”, ha conseguido con su habilidad diplomática y su bagaje como país colonizador, tener presencia en el reparto colonial africano, obteniendo territorios en Marruecos y la ecuatorial Guinea.



Proyecto imperial de Mussolini

Por eso, por una cuestión meramente política y de orgullo nacional, los italianos deciden colonizar esta región pobre en materias primas y prácticamente desértica, que no interesaba al resto de las grandes potencias (el petróleo se descubre en 1959). Lo más interesante para Italia es que estaba muy próxima a Sicilia.

Mussolini y su política imperialista, como parte de la ética fascista, impulsaron a partir de los años veinte y treinta del pasado siglo la colonización de la región. Se trataba de demostrar al resto del mundo que Italia ya era un país maduro para ser otra vez un imperio. Se gastaron gran cantidad de fondos públicos en infraestructuras, sobre todo en la zona costera, más rica y habitable, con 4.000 Km. de vías asfaltadas y casi 500 Km. de ferrocarril, siendo la obra estrella la vía férrea que unía Trípoli con Bengasi.

El rey Idrís I

Cuando Italia y sus aliados nazis del Afrika Korps perdieron la batalla del norte de África en la II Guerra Mundial, los vencedores, los aliados, establecieron desde 1943 una especie de protectorado militar, con un gobierno provisional, que en 1951 coronó a Idrís I como rey de toda la Libia, aceptado por las 140 tribus libias como su dirigente. Fue este emir de Bengasi, de la Cirenaica, quien tiene la oportunidad de ser el primer jefe de estado del país que hasta entonces nunca había existido como tal. Uniéndose bajo su reinado las “tres Libias históricas”: las mencionadas Tripolitania y Cirenaica, más la región interior de Fezzan, una tierra desértica dominada por los tuaregs y su control de las caravanas comerciales transaharianas.

Este emir tenía como bandera una tela negra con la luna creciente y la estrella; en 1951, con la creación del estado libio se suman las franjas roja y verde, la primera recordando la sangre de los mártires y la segunda el color del Islam. Esta sería la bandera, la de la independencia no la de la monarquía, que los rebeldes de 2011 han recuperado como enseña nacional.

Las banderas libias en tiempos de Gadafi

Como ejemplo de la compleja personalidad del mandatario que marcó la historia de Libia en los últimos 43 años, Muamar el Gadafi, apuntamos sus cambios de bandera. Cuando en 1969 encabezó el golpe de estado que derrocó al rey Idrís, su estrategia se centró en conseguir la unión económica y política con Siria, Egipto, Túnez, Marruecos y el Chad, en un intento de liderar el panarabismo de la época, cambiando la bandera nacional por la misma que tenían Egipto y Siria, la tricolor roja, blanca y negra, símbolo de ese nacionalismo pan arábigo.

En 1977 el por entonces incontestado líder libio estableció como única bandera nacional y como parte de la indumentaria oficial del régimen, la de color verde, únicamente el color verde, sin añadir otras franjas o escudos. Esos símbolos verdes son los que sus partidarios enarbolaron en el cada vez más fragmentado territorio libio, que vivió una guerra civil desde 2011 con el conocido desenlace del linchamiento y muerte del dictador Gadafi.

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