El rey, el ciudadano 277 y la demagogia


Dio la casualidad que tenía que ir a hacerme un análisis de sangre el día que el ciudadano nº 1 entraba al taller por enésima vez; los utilitarios, aunque no tan frecuente, también vamos al taller. Me toca siempre en el mega hospital “12 de octubre”. Hace unos años las extracciones (de sangre, obviamente) las hacían en unos barracones prefabricados en espera de que se terminara el fastuoso nuevo hospital. La cuestión era que si no madrugabas llegando a eso de las 7 de la mañana, corrías el riesgo de esperar turno en sillas de plástico incómodas y tan provisionales que parecían taburetes, apretujado entre otros enfermos, rodeado de toses y lamentos hasta la hora de comer para hacerte una analítica .

Pero no, ayer no, los edificios nuevos están acabados. Es precioso el de extracciones, desde hace un par de años ya me sacan sangre entre mármol nuevo y sillas de diseño ergonómicas. No madrugué mucho, las 8,30 h, me tocó el número 277. La pantalla de turnos marcaba el 110. Pensé que a los súbditos nos empiezan a contar desde el 100 (que ya son “masa”), porque en más de media hora la pantalla no avanzó, apenas una decena de números y la sala estaba repleta de personas. No me dio envidia o rabia porque al nº 1 le vayan a atender sin esperas y en un taller privado, donde el mármol será de Carrara, y al ciudadano 277 le vayan a atender dios sabe cuándo. Me dio por reflexionar sin demagogia, aunque se preste a ello la situación.
  

El ciudadano nº 1 puede hacer lo que quiera con su dinero, aunque sea “dinero público” pues cualquier razonamiento crítico se desmonta considerando que público también lo es el dinero que cobra cualquier funcionario; así pues, el nº 1 con su “sueldo” puede acudir a la sanidad privada si lo prefiere. No seamos cínicos, todo el que puede tiene un seguro médico privado o se lo podría otorgar la empresa (si es seria) donde trabaja como parte de los beneficios contractuales. En mi caso tengo un seguro privado heredado, un regalo de mi abuela paterna cuando nací, con una póliza tan baja que me compensa seguir costeándolo. Podía haber esperado menos colas haciéndome la analítica en ese seguro médico, pero no me da la gana. He visto, con la paciencia de un santo y los impuestos de un pechero, como iba progresando la sanidad pública y mejorando hasta niveles de excelencia. Por eso, la prefiero.

El ciudadano nº 1 tenía que haber dado ejemplo y confiar en el taller público para hacerse sus reparaciones delicadas. Él más que nadie debía estar orgulloso de ese progreso y esa eficacia de la sanidad pública conseguida por la voluntad y el esfuerzo de sus súbditos. De repente, la pantalla comenzó una frenética carrera hacia delante, los números saltaban de diez en diez. Llevaba 45 minutos en la sala y mi turno estaba a punto de llegar. En letras rojas parpadeando el nº 277 debía ir al mostrador 6. Desde ese momento tres eficaces funcionarios se pusieron a mi servicio, en 5 minutos me hicieron el análisis. A las 9,25h salía a la calle, en menos de una hora. Quizás, si el rey hubiera tenido el gesto de recoger ticket en la máquina de turnos del taller público le habría salido el nº 1.


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