FARC, la guerrilla decana de extrema izquierda en Latinoamérica



El fenómeno de las guerrillas en Latinoamérica resulta un tema complejo y polémico. No es fácil encontrar una reflexión exenta de apasionamiento ideológico o un análisis certero de lo que supone en la realidad latinoamericana ese asunto tan delicado, muy sensible en diferentes posturas de las opiniones públicas. Del espíritu revolucionario de los años 60, época en la que surgieron estas guerrillas modernas, solamente queda el discurso vacío, pues no se expone en el terreno político y sigue queriéndose imponer con la acción violenta: secuestros y terrorismo indiscriminado. De ahí que en la mayoría de los casos su consideración internacional sea la de “grupos terroristas”, sin más.

El espíritu del Che

En 1964 el Che Guevara aún no había regresado de su actividad guerrillera en el Congo, África, pero tanto el ELN, Ejercito de Liberación Nacional, como las FARC, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, también conocidas como el “Ejército del Pueblo”, por lo que suelen aparecer como FARC-EP, surgirán imbuidas del espíritu de la Revolución Cubana y de la actividad de su líder más mediático, Ernesto Che Guevara. Nacen dentro de la Colombia profunda, rural y campesina, como grupos armados de campesinos con una mentalidad de “autodefensa”, contra las injusticias y abusos de terratenientes y del Estado.

En el caso de las FARC su constitución se debe al episodio histórico conocido como la “República de Marquetalia”; los grupos comunistas rurales habían creado comunidades autónomas, al margen del control de Bogotá, ordenando el gobierno colombiano a su ejército el restablecimiento del poder estatal y respondiendo estas facciones comunistas radicales con la creación de un ejército “popular” para rechazar las incursiones gubernamentales.

Hay que diferenciar a estas guerrillas “modernas”, de los incontables grupos insurgentes que se dieron en la región ecuatorial americana a lo largo de su historia, desde la época del dominio español. Se les considera un movimiento propio, singular de Latinoamérica, aunque relacionado con los movimientos guerrilleros de “liberación o revolucionarios”que surgen a finales de los 50 y durante los años 60 del pasado siglo en las zonas del mundo en procesos de descolonización, en guerras de independencia o civiles; sobre todo en África.


Marxistas-leninistas y Maoistas

Acabando la década de los sesenta, hacia 1967, en un clima muy tenso de la Guerra Fría, donde la Unión Soviética busca en los países del llamado “Tercer Mundo” un predicamento para su paradigma revolucionario, surge una nueva fuerza en el ámbito comunista que influirá en las guerrillas y movimientos armados revolucionarios. Se trata de la República Popular China de Mao, que genera debate existencial entre los partidos comunistas del mundo, que ahora se configurarán como "pro-soviéticos" y "pro-chinos". En el caso de Colombia surge una tercera guerrilla, el EPL, Ejército Popular de Liberación, con adoctrinamiento maoísta.

Las FARC se declararán marxistas-leninistas, no abandonando esa línea purista a favor de las posturas, más radicales, maoístas. Tienen una estructura de gobierno que recuerda al politburó soviético, con un secretariado compuesto por siete miembros, siendo en ese “presídium” uno de los miembros el considerado “jefe” de las fuerzas armadas revolucionarias. El más famoso en su historia fue el fallecido en 2008, tras una operación antiguerrilla del gobierno colombiano, Manuel Marulanda o Tirofijo, alias de Pedro Antonio Marín.

Las FARC-EP

En la izquierda más radical, incluso la que está en los marcos legales de la participación política en los estados latinoamericanos, como es el partido comunista colombiano, el grupo armado FARC-EP es considerado un movimiento de contestación a las acciones estatales consideradas neo-coloniales, neoliberales o antisociales. Incluso gobiernos como el de Ecuador y el de Venezuela se resisten a considerarles un grupo terrorista. Esa ambigüedad ha costado a los colombianos grandes fracturas en su desarrollo como sociedad civil.

En la actualidad la relación de estas guerrillas con el narcotráfico, la extorsión, el secuestro (largos y crueles), la misma corrupción social y política que combaten, además de sus acciones terroristas indiscriminadas y de sabotaje contra la población civil, las habría convertido en enemigas para casi todos, no sólo para la sociedad colombiana y la de los países vecinos, sino que cada vez más fueron consideradas por la Comunidad Internacional como grupos terroristas.

Esta determinación ha ayudado al gobierno colombiano a actuar con mayor consistencia contra la guerrilla y hacer de su desaparición un objetivo político nacional. Las formas de hacerlo es lo que sigue dividiendo a la sociedad, los hay partidarios de una “guerra total” para derrotar a las guerrillas por las armas y los hay que desean una solución política negociada. Esta última opción de la política es la que ha optado el gobierno de Colombia desde el verano de 2012, con la presidencia de Juan Manuel Santos.


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