Maquis, la gente del monte


Se trataba del más ambicioso de los intentos republicanos por cambiar la realidad de su derrota en mayo de 1939. Los guerrilleros conocidos como maquis eran combatientes de la República que en lugar de cruzar la frontera francesa o resignarse a ser vencidos sumisos se “tiraron al monte”, muchas veces no tenían otra alternativa para huir de la dura represión que inició el régimen franquista en la posguerra.

La invasión del Valle de Arán

La 204 División de Guerrilleros Españoles cruzó la frontera española en octubre de 1944 por el Valle de Arán con la intención de conquistar el territorio suficiente para establecer un gobierno provisional de la República. Con una representación en el mismo territorio español sería más ventajoso negociar con las potencias democráticas el apoyo a la restauración republicana.

También esa incursión por los Pirineos pretendía enlazar y coordinarse con los maquis que ya operaban en el norte español. Otra pretensión era ocupar esa zona para promover con garantías, demostrando que era una estrategia seria, la insurrección general contra la dictadura. Ese fue el propósito de unos 4.000 milicianos, la mayoría con la moral muy alta por haber vencido a los nazis participando en la Resistencia francesa.

El ejército franquista mandó a sus mejores generales

La operación se nombró “Reconquista de España”, su principal impulsor era el dirigente con mayor peso político en el PCE (Partido Comunista de España) en la Francia que estaba siendo liberada por los aliados, Jesús Monzón. Se trataba también de una apuesta personal por la línea militar para derrocar a Franco, ya que otros dirigentes comunistas eran partidarios de la estrategia diplomática amparados en la tutela de Stalin.

El avance de los guerrilleros fue rápido el primer día, con escasa resistencia de la Guardia Civil. De todas formas, en previsión de una invasión aliada por el norte, ahora que la guerra mundial se decantaba de su lado, Franco había pedido a su Estado Mayor que organizase una defensa desde Galicia a los Pirineos catalanes.

Defensa dirigida por generales de prestigio como José Moscardó o el general Yagüe; es por eso que las tropas franquistas reaccionaron pronto y detuvieron el avance guerrillero. Enseguida la desproporción de fuerzas también fue de 4.000 guerrilleros medianamente armados, contra 50.000 soldados bien pertrechados.

Retirada para evitar una masacre 

El objetivo del general republicano José Riquelme y sus comandantes, Crespo y Álvarez, junto con el teniente coronel López Tovar, era tomar la localidad estratégica de Viella, que pasaría a ser la capital de la España democrática. Para ello había que tomar y controlar el paso o puerto de la Bonaigua y así cortar el acceso del enemigo al valle. No fue posible, el general Moscardó llegó antes con decenas de miles de soldados, tanques y cañones.

Santiago Carrillo participó en la logística de la campaña y como uno de los destacados dirigentes del PCE apoyó la decisión tomada por el partido de retirarse del Valle de Arán y evitar la más que probable masacre de los guerrilleros republicanos. El fracaso le costó la carrera política al apasionado idealista Jesús Monzón, el héroe en la Resistencia francesa, beneficiando al grupo de poder más pragmático del entorno de Carrillo.

Luchadores de la libertad para unos, bandoleros para otros

Los comunistas tras este rotundo fracaso, se criticaba el no haber entrenado mejor a los voluntarios y el no esperar a tener un mayor contingente mejor armado, fueron desvinculándose de los guerrilleros que quedaron en el interior de España, sobre todo en la zona de los Pirineos, el Bajo Aragón, Cuenca, el Levante, el Bierzo y en parte de Galicia.

El declive de la actividad guerrillera comenzó al principio de los años cincuenta. El régimen dictatorial siempre usó la propaganda negativa sobre ellos, calificándolos como meros bandoleros hambrientos o directamente como ladrones asesinos. A medida que perdían apoyos exteriores y financiación, tuvieron que añadir a sus actos de guerrilla los de pillaje en pueblos que ocupaban unas horas.

Hubo maquis hasta 1965

Aunque los medios de comunicación franquistas no se hacían eco de las actividades de guerrilla, ni de los manifiestos de sublevación para luchar por la democracia que los maquis intentaban hacer llegar al pueblo español, si recogían como grandes logros las capturas o ejecuciones de éstos, como éxitos de la Guardia Civil contra estos bandoleros del monte.

El último maquis muerto en combate fue el “piloto” gallego José Castro Veiga. Abatido en acción armada contra la Guardia Civil la madrugada del 10 de marzo de 1965, cerca del embalse de Belasar (Galicia). Su biografía da para una novela o una serie de televisión. Alistado en la aviación republicana a los 16 años, sus compañeros de lucha en el monte le apodaron en los años cuarenta como “O piloto” y con ese mote murió en los sesenta.


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