FBI, la policía "política" de EEUU



El FBI está en nuestras vidas. En forma de series de televisión, en películas o documentales. El FBI parece estar en todas partes. En verdad nació en los EEUU con ese propósito. Investigar todo lo investigable en relación al crimen, luchar contra los criminales organizados, resolver delitos y asesinatos donde las policías locales eran ineficaces o luchar y evitar las conspiraciones o atentados contra los gobiernos norteamericanos. Lo suelen hacer con éxito (sobre todo en la ficción, donde siempre ganan) aunque también con fracasos estrepitosos, no fueron capaces de saber que los terroristas del 11-S vivieron meses en sus ciudades. 

Se suele olvidar que nació en un contexto de guerra. La "Guerra del Crimen" organizado en los Estados Unidos de las primeras décadas del pasado siglo. Los parámetros fueron muy parecidos a los que se dieron en la policía política que empezaba a crearse al otro lado del mundo, en la Unión Soviética. En esta última su policía interna también nacía en un contexto de guerra, la civil entre rusos blancos y los bolcheviques. Ambas tuvieron muchas veces potestades por encima de la Ley. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos, primer promotor de esta policía especial, dio carta blanca judicial y prerrogativas especiales a los investigadores y detectives de esta oficina policial.

Obsesión anticomunista

Edgar Hoover fue el hombre que consolidó y puso las bases de lo que hoy es esta controvertida organización policial, un hombre de vida tan discutida como su obra. Cuando Hoover se graduaba en leyes en la Universidad George Washington en 1917, comenzaba en Rusia la Revolución de Octubre cuyo desenlace supuso la creación del primer estado comunista del mundo, la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

A los comunistas Edgar Hoover combatió con virulencia durante sus casi cincuenta años al frente del FBI. Su obsesión eran los “subversivos”, así calificaban en los documentos confidenciales de la oficina federal a todas las personas con tendencias políticas izquierdistas. Por esos archivos pasaron los datos de cientos de miles de “sospechosos antiamericanos”, simpatizantes del comunismo, del socialismo o meros progresistas.

Biografía de un hombre extraño

Nació cuando acababa el siglo XIX, en 1895, en la capital estadounidense, Washington D.C. Allí consiguió hacerse abogado en 1917 y entrar a trabajar para el Departamento de Justicia gracias a un familiar de su padre, del que poco más se sabe que era un moralista severo en educación y costumbres. Esa herencia de rígida ética la aplicó a su trabajo, haciéndole destacar como un jurista de moral intachable, que combatía a la corrupción política y judicial que imperaba en los círculos de poder de la capital.

La fama de incorruptible y de luchador contra “el fraude y el vicio” le llevó a dirigir en 1924 el embrión del FBI, el Department’s General Intelligence Division (GID). Más tarde, a iniciativa del nuevo director del Departamento de Justicia, un funcionario de carrera honorable, William J. Burns, ocupó el cargo de asistente del director cuando ya el GID se había transformado en un cuerpo más policial que de espías, el BOI (Bureau of Investigation). Hoover pronto comenzaría sus reformas que pondrían los cimientos del actual FBI.

Federal Bureau of Investigation (FBI)

Los cuerpos de justicia y policiales seguían muy desacreditados entre la opinión pública de los EEUU, ya que muchos caían en las redes de corrupción de la mafia. Cuando el presidente Calvin Coolidge nombra a Edgar Hoover, a sus 29 años, director de la Bureau of Investigation lo haría pensando sobre todo en cambiar esa imagen negativa de las fuerzas del orden. Hoover, con buen criterio, sabe que para controlar los casos de corrupción interna lo mejor es centralizar la administración de todas las oficinas de investigación, transformándolas en una sola,  la federal. Nace la Federal Bureau of Investigation (FBI).

Hoover, aunque pretendió ser el hombre más reservado, desconocido y discreto, del panorama social de los EEUU, no se libró de los rumores que sobre su orientación sexual corrieron de boca en boca por la Norteamérica de los años cuarenta. Cualquier información sobre su persona y más si hacía mención de esa sospecha era censurada y el autor perseguido por los agentes del FBI. Al no casarse ni verle nunca acompañado de mujeres en sus actos sociales, se tuvo como cierta su homosexualidad.

El banco de huellas dactilares más grande del mundo

Si su vida privada era oscura, la profesional brillaba por su eficacia y efectividad. Modernizó la Oficina de Investigación y la dotó de una escuela para formar a los futuros agentes, que debían ser algo más que meros “sabuesos”. Creó la FBI National Academy, una academia que entrenaba a los agentes como espías y detectives. Ordenó que se archivaran cientos de miles de huellas dactilares, sistema de registro de personas que él introdujo en el Departamento de Justicia y que perfeccionó de tal manera que fue necesaria la construcción de un banco de huellas.

Fue el banco de huellas dactilares más extenso del mundo, ganando a la KGB, su competidora, registrándose ciento de miles de datos personales, y, curiosamente, uno de los datos que más interesaba y obligaba a aportar a los agentes eran las orientaciones y preferencias sexuales de los investigados. Pasaron por su registro desde artistas (Dalí y Picasso, por ejemplo) hasta miembros del Ku Klux Klan. Todo aquel que, sin importar las evidencias, pudiera ser o llegar a ser un “subversivo”.

Hasta su muerte 

Fue director de la agencia hasta su muerte en 1972. Las críticas a su excesivo poder fueron constantes en todas las administraciones presidenciales. Ninguno de los siete presidentes a los que sirvió como director del FBI pudo destituirle. Quizás porque les amenazaba con desvelar algún supuesto escándalo que cometieron y fuese investigado por sus fieles agentes.

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