Todos somos pecadores, empezando por el papa Francisco, y la política internacional




“No sé cuál puede ser la respuesta exacta... Yo soy un pecador. Esta es la definición más exacta. Y no se trata de un modo de hablar o un género literario. Soy un pecador”. 


Recogemos en la ‘Agenda del vendedor’ de Pax augusta esta cita reciente del papa Francisco, seguros de que pronto se pasará a las agendas-dietarios anuales de papel. Forma parte de las respuestas que dio al periodista Antonio Spadaro, director de la La Civiltà Cattolica, publicación de la Compañía de Jesús, que es la congregación donde militaba el pontífice y a la que sigue perteneciendo; se publicó en el diario español El País por su indudable interés, al recoger las opiniones del nuevo Papa sobre su obra en estos primeros 6 meses de pontificado. Una obra que ya muchos califican como de “progresista y renovadora” dentro de la Iglesia.

Más que acciones renovadoras han sido palabras reformistas. Aunque es un Papa cercano, que ha tenido gestos muy humanitarios a pie de calle, no ha realizado todavía un viaje o un proyecto significativo que recoja esa acción renovadora que sus palabras le presuponen. Quizás un viaje al Líbano católico con la mirada puesta en los refugiados sirios que se agolpan en las fronteras de la región sería una verdadera acción “humanitaria”; pero nuestra osada propuesta quizás no pueda realizarse no porque el Papa no lo desee (suponemos) sino porque desde la muerte de Juan Pablo II el pontificado ha vuelto a ser tarea pastoral más que acción política internacional.

El papa Francisco lo debe saber, se le aprecia persona inteligente, por eso desde junio de este año, que fue cuando realizó la entrevista que citamos, ha ido sacando el tema del pecador. El Papa pecador, los religiosos pecadores, los fieles pecadores, todos pecadores… El pecado es una vieja metáfora del cristianismo para hablar de muchas cosas, pero sobre todo del sentimiento humano de culpabilidad. Decir todos pecadores es igual que decir, todos culpables. En términos de política internacional es una forma de buscar consensos; es decir, partiendo de que todos, unos y otros, somos culpables, igual de culpables y de pecadores, podemos sentarnos a una mesa de negociación en igualdad de condiciones

El papa Francisco no podrá, por no controlar aún a la curia romana, imponer en su agenda un viaje internacional que represente el verdadero carácter (renovador) de su pontificado, pero su discurso “rompedor”, sorpresivo para un Papa, sí que le va preparando el camino de lo que debería ser un periodo de reforma en el Vaticano. “Soy un pecador”, dicho por el pontífice el pasado 2 de octubre, en la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro, hace reflexionar a la comunidad católica de forma más contundente que cualquier reproche crítico a la Iglesia y su falta de humanidad. También calará en la comunidad occidental y sus satélites, toda ella de cultura cristiana. 

La consigna, señoras y señores, y siguiendo la metáfora, debe ser: “¡Arriba pecadores de la tierra! ¡En pie pecadora legión! Atruena la razón en marcha: es el fin de la opresión… el género humano es la internacional pecadora…”

No lo digo yo, es palabra de Papa.






Comentarios