Aullidos y propaganda política


En un recóndito pueblo de una serranía olvidada de la Castilla que antes llamaban la Nueva y ahora se le anexa guión La Mancha, un anciano afilaba un hacha sentado en el dintel de una gran puerta abierta. Con la luz de unas bombillas color yema del interior del hogar y la claridad como clara de huevo que la luna llena dispensaba en una noche de abril, preparaba las herramientas que le servirían para recoger leña. Los fríos de las primaveras tardías en esa región nada envidiaban a los de febrero. Una manada de lobos aprovechaba el eco de una cueva que les hacía de refugio para crear altavoz con sus aullidos. Estremecían las largas notas sostenidas a la luna, el canto del lobo que nunca se sabía si era triste o glorioso.

_ ¿Abuelo, por qué aúllan tanto?

He vuelto a ese pueblo. He merodeado por el portón de esa casa que ahora es un hotelito rural, me he asomado al balcón natural que se enfrenta a los montes llenos de cuevas antaño habitadas por lobos. He intentado recordar la respuesta de mi abuelo, un tipo callado y lleno de nudos como un olmo viejo; en las manos, en la frente, en el cuello. He esperado una ráfaga de viento que me trajese algún aullido fantasma y alguna de sus palabras, pero ya no hay lobos en esa comarca y tampoco se dan discursos.


La manada necesita aullidos, anhela discursos. Esa podría ser una razón. No todos los lobos de la manada aúllan tanto. ¿El más aullador suele ser el macho dominante? Ese macho es el alfa, el único reproductor de todo el grupo social y necesita ahorrar energías, puede que delegue en otros para el aullido prolongado, la palabra intensa que como un escalofrío entra por cuerpo y alma. Los lobos aúllan a la luz de la luna, pero también lo hacen a pleno día si la actividad de la asociación de individuos lo requiere. Hasta el lobo solitario, aquél que caza por su cuenta, aúlla. Cuando no aúllan es cuando depredan. Ni tan siquiera gruñen. Cazan, siendo grupo o solos, en silencio. Contienen los ladridos y concentran todo su oficio cazador en la mirada amarilla del hambre.

El grupo de individuos de la misma especie que presentan un alto grado de asociación (la manada) emplea el aullido para reclamar al solitario o al que ha decidido alejarse del grupo. Un estudio más reciente del Centro Científico sobre el Lobo en los Alpes austriacos revela que los lobos aúllan, en realidad, porque echan de menos a un compañero de la manada. No soportan que se marche de la sociedad creada y comienzan a aullar, a llamarle, a lamentar que no siga dentro de la organización asociativa. Es el discurso, es la propaganda que llama a asociarte. Si dejas la manada sueles callar para cazar en solitario, para pensar en ti como individuo. Pero te echan de menos, escucha los aullidos.

Mi abuelo creo recordar que me dio una respuesta. Concisa y sencilla, como fue su vida. “Aúllan tanto porque deben haber perdido a alguien; pero es mejor que aúllen, son más peligrosos callados”. Estuve pensando en eso mucho tiempo. Ahora, en la gran ciudad, cuando los políticos en manada salen a cazar callan, ocultan sus intenciones. Cuando sienten que te marchas, ponen a funcionar la propaganda, aúllan.


Gustavo Adolfo Ordoño ©


Fuente de la fotografía:
http://www.sierradebaza.org/Fichas_fauna/07_02_lobo/img_5.jpg


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