Apartheid, una gran cárcel como sistema de Estado



A veces pienso que Mandela no estaba en la cárcel, que estaba en una celda algo mayor que el resto de sus compatriotas negros, más vigilado que el resto de los ciudadanos no blancos que malvivían en una gran prisión que se llamaba Sudáfrica. Es casi una ironía que cuando el sistema estatal de segregación, el Apartheid, estaba agonizando al ser repudiado por toda la comunidad internacional a partir del año hito en el siglo XX, en 1989, los carceleros recibieron la llamada al diálogo de su preso más afamado y carismático para ver cómo salían del atolladero
Como presintiendo que ese hombre además de libre iba ser crucial en la historia inmediata de Sudáfrica, cambiaron la celda donde estuvo la mayor parte de su cautiverio de casi 30 años, en la prisión aislada de una isla-roca, por un chalet de un funcionario nivel B de la prisión Víctor Verste donde le trasladaron para cerrar las negociaciones que permitieron su liberación en febrero de 1990 y la celebración de elecciones libres en 1994. Era un avance hacia la salida de la cárcel-Estado del Apartheid, de una celda pasaba a las dependencias de los carceleros. Comenzaba la convivencia en igualdad en la nueva Sudáfrica.
De todas formas, como nos cuenta nuestro habitual colaborador, Luis Pérez Armiño, el proceso democrático en la República sudafricana no fue el perfecto guión con final feliz que vemos en las recientes películas made in Hollywood. En el siguiente texto tenemos un buen resumen de lo que supuso el Apartheid, su desaparición y la Sudáfrica surgida del impulso Mandela.

Imagen de la Wikimedia

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