Francia, paladín de la doble moral


En otros textos de este blog ya he abordado el asunto de los tópicos y estereotipos nacionales. Mi perspectiva sobre ellos no es crítica, creo que sirven para encauzar, como pistas en un crimen, la investigación sobre el comportamiento de una cultura o país, el proceder de sus líderes o prohombres. Este uso de los tópicos debe ser cuidadoso y nunca confundir con los prejuicios, que sí tienen una valoración negativa, evidentemente. Pero no es un prejuicio advertir en nuestros vecinos franceses el uso de la ‘doble moral’. El empleo de la valoración de lo correcto e incorrecto en Francia se hace muchas veces con doble rasero; eso sí, de forma elegante y nada “racial”.

Se ha convertido ya en estereotipo que los máximos dirigentes de Francia tengan una aventura amorosa, sean infieles y acaben cambiando de pareja. El puesto de Primera Dama en Francia suena a chiste ¿primeras? ¡Ja! Bueno, ironías aparte, los ciudadanos franceses, cultos y refinados en su mayoría, aceptan estas cosas de muy buena disposición. Debe ser tradición gala (habría que investigar a Charles de Gaulle, que parece el único libre de infidelidad) que el presidente de la República acabe tendiendo un affaire (un lío, en castizo). La opinión pública gala ayuda a pasar el mal trago de su líder con compresión.“Es un asunto del ámbito privado”. ¡Ja! Todo un presidente de la Asociación de la Prensa Presidencial, Alain Barluet, le soltó a Hollande como primera pregunta de la tradicional rueda de prensa de año nuevo en el Elíseo si su actual pareja, Valérie Trierweiler, sigue siendo la primera dama de Francia.


Sobre la supuesta liberalidad sexual de los franceses me abordan experiencias personales y opiniones contradictorias. Me acuerdo de la mayoritaria reacción pacata que han tenido en el asunto del matrimonio homosexual y recuerdo mis devaneos con una francesa, tan dura a mis requiebros como cordobesas, segovianas o madrileñas...el tópico de que con las francesas todo el campo es orégano en mi caso no se cumplió. Según cuentan mis amigas españolas, el tópico del hombre francés romántico tampoco se cumple mucho; el tipo galo quiere lo mismo que el señor de Murcia: sexo. En fin, que las pistas de los tópicos despistan mucho, pero ello mismo facilita esa ‘doble moral’. La liberalidad de las relaciones sexuales está muy bien como marchamo de una sociedad, aunque luego cada uno/a es cada uno/a.

Otro argumento reciente para hacer a Francia un paladín de la ‘doble moral’ es como juzgan allá lo que es libertad de expresión y lo que significa censura; en concreto lo que es gracioso y lo que no tiene ninguna gracia. Son los casos del uso del humor, la parodia y la caricatura sobre las confesiones religiosas. Cuando una revista satírica,"Charlie Hebdo", hizo humor con el Islam y con Mahoma, las amenazas contra ella, críticas y condenas se tacharon de atentados contra la libertad de expresión. No se entendía la alternativa del buen uso de la autocensura. En cambio, en el caso del humorista franco-camerunés, Dieudonné, cuando pretendía estrenar un espectáculo con alto contenido irónico y paródico contra los judíos y el Holocausto fue directamente, sin opción a la autocensura, prohibido por el Consejo de Estado francés.

La moral, siguiendo con mi tono irónico, peca de espiritual, de religiosa. La moralidad suelen darla los hombres para poder ‘vivir en sociedad’, muchas veces empleando el vehículo “confortable” para el espíritu de la religión. Aunque la moral debería ser establecida únicamente por los hechos, los actos humanos, como así ocurre con la ética que acaba diciéndonos qué actos-hechos han sido beneficiosos y cuáles no para esa comunidad humana. En fin, que en la cuna de la liberté lo de echar una cana al aire es ético para los presidentes de la República y sus ciudadanos; en cambo, si fuesen mujeres presidentes las actuantes de infidelidad serían juzgadas con la misma moral que en Madrid, Quito o Tokio...esas damas serían unas putas...

Lamento la crudeza de la anterior frase, pero hablando de 'doble moral' hay que evitar la hipocresía.  

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