La Autoridad del Canal de Panamá y el pícaro Sacyr de Tormes


Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y, a los que no ahondaren tanto, los deleite. Y a este propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena; mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que uno no come, otro se pierde por ello. Y así vemos cosas tenidas en poco de algunos, que de otros no lo son. Y esto para que ninguna cosa se debería romper ni echar a mal, si muy detestable no fuese, sino que a todos se comunicase, mayormente siendo sin perjuicio y pudiendo sacar de ella algún fruto. Porque, si así no fuese, muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo, y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que vean y lean sus obras y, si hay de qué, se las alaben. Y, a este propósito, dice Tulio: «La honra cría las artes».

(Primer párrafo del prólogo de La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades; novela picaresca siglo XVI, anónimo)

En cuanto los medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de los problemas que el consorcio europeo (no es español únicamente) de empresas constructoras tiene para acabar las obras de ampliación del Canal de Panamá, se abrió como una caja de sorpresas, con el muelle liberado de su presión y la cabeza de pasayo oscilante, toda la gama de tópicos y prejuicios sobre lo hispánico y el “hacer” del español. Para colmo, esos tópicos saltan en la América Latina donde las suspicacias siempre están a flor de piel y también en el ámbito anglosajón, como si la guerra de Flandes no hubiese acabado del todo, siempre alertas que viene el “coco” de los Tercios y la forma tosca de los españoles.

Se puede hacer un rastreo en la prensa, empezando por la española, y ver que pronto apareció el tópico de la picaresca y del hacer pícaro del español; el que se liciten obras a precios de ganga es muy habitual en España y se ha “naturalizado” en el proceder, lo que nos provoca risas pícaras cuando los foráneos lo critican. Recuerdo mis tiempos (he tenido tantos trabajos que no debo ser un “hispanicus” al uso, que busca un empleo para toda la vida) en un gabinete de comunicación de una gran constructora donde los relaciones públicas debíamos presentar las propuestas en los 'Concursos Públicos'. Básicamente nuestro trabajo consistía en “espiar” e investigar cómo la competencia iba de precios, para que nuestra empresa los bajase y presentar la mejor oferta a concurso. Luego estaba el “mamoneo” que decimos acá, que no es otra cosa que los “padrinos” y la corrupción que privilegia a unos por otros, algo que no es un invento de esta época bautizada con otro prejuicio, la “madre de todas las crisis”.

Supongo que en el momento de concursar en Panamá por las obras del Canal el proceder español sería el mismo. Natural. El padrino de Sacyr era nada más y nada menos que el Estado español con un aval público. Tampoco pasa nada, si las obras acaban haciéndose con buenos materiales, con unos costes razonables y en el tiempo más o menos acordado (habrá retrasos, si exceptuamos Japón es inevitable en todas las obras del mundo) el final es feliz para todos. Se comprueba en la infinidad de obras realizadas en España y en el extranjero por empresas españolas, donde la satisfacción suele ser notable en los que disfrutan esas infraestructuras.

Hacer obras a precios más ajustados y con tecnología española no debe caer en el prejuicio de la chapuza, sería injusto. Puedo argumentar esto con propiedad al contrastarlo en persona, la empresa constructora donde fui publicista ganaba muchos concursos en el extranjero porque era astuta (que no pícara) y razonable en sus precios. Había empresas alemanas que ponían costes sobrevalorados a razón de “la marca germana”; como era ingeniería y materiales alemanes se les presuponía mayor calidad. Es como el caso del calzado deportivo, si es de marca es más caro, aunque los materiales y la fabricación sean los mismos que el resto de fabricantes sin imagen de marca.

En Panamá todo iba muy bien, perfecto, casi realizada la obra al 75% y de repente salen los sobrecostes, algo no tópico sino coyuntural en las obras de construcción españolas o chinas, da igual el tamaño de ellas y la nacionalidad de las empresas. Los “imprevistos” tan habituales en la construcción en este caso ascienden a cifras multimillonarias (1600 millones de dólares) y es normal que la Autoridad del Canal se resista a hacerse responsable de ellos sin más. Las negociaciones comenzaron torpes, el consorcio de empresas que lidera la española Sacyr unió al anuncio de los sobrecostes una amenaza de paralizar la obra el 20 de enero si no se asumían. ¿Amenazar es una buena forma de negociar? Nunca lo ha sido, ni en época precolombina ni en ningún momento.

Los panameños también han sacado su repertorio de tópicos, lo que no ayuda al clima de negociación claro está, cuando el director de la ACP (Autoridad del Canal de Panamá), Jorge Quijano dice que “piensan que todavía tenemos el plumero en la cabeza”, en una referencia a la tópica desconsideración del europeo hacia el “incivilizado” indígena americano. Si supiera que en España llevar pluma significa también otro estereotipo, quizás su vigoroso orgullo latino se sintiese más ofendido aún. Bromas aparte, las negociaciones están en un punto muerto por la falta de criterios razonables y la tendencia a dramatizar las cosas que eso sí es tan hispano, tanto aquí como allende los mares.

Siendo justos habría que decir que España (su gobierno y ciudadanía) sí que se ha tomado en serio la cuestión y sabe lo importante que es; lo ratifica que la misma ministra de Fomento, Ana Pastor, acudiera en persona a Panamá para intermediar en el conflicto; a diferencia del otro gran socio italiano (mitad y mitad) del consorcio constructor, que solamente presta voz a un intolerante consejero delegado de la empresa Impregilo, Pietro Salini, que tiene la más dura de las propuestas a la ACP. No obstante, en cuanto la ministra dejó el suelo panameño la seriedad de las negociaciones volvió al rifirafe de tópicos. ¡Qué lástima de no contar con una autoridad hispanoamericana, tipo presidente de una Unión, para mediar en estos asuntos! Todo quedará en manos de los “mamoneos” de empresarios de la construcción y perjudicará injustamente al sentir sobre los españoles en América...y en el mundo, porque toda la comunidad internacional espera el desenlace de este nuevo culebrón hispano-latino.

Fuente de la primera fotografíaeconomia.elpais.com

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