Stalingrado, 70º aniversario del asedio más brutal y la batalla clave de la II Guerra Mundial


Stalin versus Hitler. Del pacto de No Agresión a ser agredido y agresor, la Segunda Guerra Mundial sufre un -¿inesperado?- giro en su trayectoria cuando el 21 de junio de 1941 el führer decide invadir la Unión Soviética y abrir el frente oriental. La invasión nazi parecía ser otra “guerra relámpago” victoriosa de su ejército, pero las tropas alemanas se quedarían a la puertas de Leningrado y de Moscú. No asegurar las grandes extensiones de tierra capturadas y abrir otro frente al sur, fueron las principales razones del fracaso de Hitler en su ‘Operación Barbaroja’ (invasión de la Unión Soviética).

Stalingrado, la ciudad con el nombre del “odiado” Stalin

Un planteamiento a simple vista razonable y certero, como era abrir en el sur de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) otro frente bélico para capturar el acceso a las tierras ricas en petróleo, en el Caúcaso, y asegurarse así el suministro de carburantes necesarios para la logística de un ejército que luchaba en toda Europa, quedaría pronto en una obstinación de Hitler, que no deseaba ceder ni una calle de las conquistadas en la ciudad que llevaba el nombre de su adversario por excelencia, Stalin.

Sin escuchar a ninguno de sus generales, que consideraban otro el principal objetivo, Adolf Hitler trazaba en los mapas de guerra que le ponían sobre su mesa las líneas del frente en la zona de Stalingrado. Su consigna: resistir hasta la muerte. ¡Pobre infeliz el qué osase contravenir sus deseos! El general Zeitzler, Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, se jugaba su carrera en todos los vanos intentos de convencerle que debían romper el cerco por el oeste y abandonar la ciudad para reunir al VI Ejército con el resto de la Wehrmacht, que se replegaba por el centro de la URSS.

Una de las resistencias y de los asedios más inhumanos de la Historia

Para muchos historiadores el fin del régimen nazi estuvo en el fracaso por tomar Stalingrado. Desde esa derrota, la Wehrmacht no tuvo ninguna victoria en el Este y no pudo frenar ni una semana el imparable avance del Ejército Rojo en dirección a Berlín. Sobre el papel de los tácticos militares se puede decir que fue una engañosa victoria soviética, pues tener a cinco ejércitos ocupados en desalojar a un solo ejército germano, asfixiado en una “bolsa”, no tiene gran mérito estratégico. La clave estaría en la gran fortaleza moral que suministró esta victoria a los ejércitos soviéticos, y al mismo pueblo de la URSS.

El balance de víctimas humanas, el impacto medioambiental (se luchaba por controlar al gran río Volga) y la herida en las conciencias de varias generaciones, es todavía motivo de debate y análisis. Se desconocen cifras exactas, aunque cualquiera es escandalosa cuando se trata de comprender el odio vertido en conquistar una ciudad y la sangría propiciada en resistir contra tanques con las simples manos. Si indicamos que ambos ejércitos tuvieron, cada uno, un millón de bajas y que los muertos civiles en la ciudad fueron también un millón, tendríamos la cifra vergonzante de 3 millones de víctimas.


Volgogrado volvió por unos días en 2013 a ser Stalingrado

Hoy, Stalingrado se llama otra vez Volvogrado, la ciudad del Volga; aunque el pasado 2 de febrero del 2013 el presidente Putin decretó que por un día la ciudad volviera a llamarse ‘Stalingrado’. Era la mejor forma de conmemorar el 70º Aniversario del fin de esta batalla, para muchos, la madre de todas las batallas junto al 'Desembarco de Normandía'. Se realizó un desfile en presencia de veteranos de esa batalla fundamental para el transcurso de la II Guerra Mundial, un desfile que encabezaba el mítico tanque ruso T-34, el arma acorazada insignia del ejército soviético.

En su discurso el presidente ruso, Putin, no habló de paz o de recordar el horror de lo inhumano para evitar volver a caer en él. Putin prefirió remarcar el gran orgullo que debe ser siempre para el pueblo ruso esa gran hazaña que “liberó” al mundo del yugo de la Alemia nazi. Y no le faltaba razón, desde ese febrero gélido de 1943 la debacle nazi era evidente; la rendición del VI ejército la firmó su comandante en jefe, Friedrich Paulus, el 2 de febrero de 1943.

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