Ucrania en la encrucijada: Sobre el fútbol y otras contiendas

                                                            VASILY MAXIMOV ; fuente a través de elpais.com

Queda ya en el recuerdo la decimocuarta edición de la Eurocopa de fútbol. Este tipo de acontecimientos pueden deslumbrar con sus fastos y sus grandes oropeles escondiendo, o al menos disimulando, la situación real de los países que ejercen de perfectos anfitriones. Durante aquel campeonato todos los ojos del mundo estuvieron puestos sobre los terrenos de fútbol polacos y ucranianos. Pero no fueron capaces de ver más allá, ensimismados por las habilidades deportivas de unos atletas sobreprotegidos, mimados y millonarios.

Ucrania mantiene una posición geoestratégica privilegiada que condiciona toda su actividad política: como antesala de una gran potencia, la Federación rusa; y frente al avance inexorable de la expansión europea, entendida ésta como la ampliación territorial de la Unión Europa en busca de mano de obra barata, zonas de industrialización contaminante y nuevos mercados. Precisamente los términos de esta política europea no son del agrado de las autoridades de Moscú, suspicaces frente a todo aquello que viene del oeste. Y son estos recelos los que han hecho de Ucrania la clave fundamental en el complejo juego de las relaciones internacionales en el escenario post – soviético de Europa oriental. Mientras Rusia desea mantener su hegemonía sobre sus antiguos satélites, desde Bruselas y demás centros de poder occidental se vislumbran las posibilidades de explotación de la nueva frontera oriental.

La Eurocopa de fútbol se convirtió en el mejor escaparate para dar rienda suelta a las tensiones enfrentadas entre los dos intereses. Desde el ámbito de los gobiernos europeos se lanzó la acusación motivada por la violación de los derechos humanos en Ucrania. Desde distintas organizaciones se ha vertido un aluvión de denuncias respecto a la impune actuación policial que incluye torturas y malos tratos a las personas detenidas.

Se ha criticado el trato dado a inmigrantes y solicitantes de asilo, ya que la legislación ucraniana en la materia no se ajusta a los postulados internacionales. Se ha denunciado el incremento de las agresiones a activistas pro – derechos humanos y a miembros de minorías sociales o étnicas. Por último, se ha atacado la excesiva dependencia del poder judicial respecto al político, lo que ha generado la vulneración de las garantías básicas que puedan asegurar la independencia del poder judicial, especialmente cuando se ven involucradas cuestiones políticas.

Las denuncias se acompañaron con las imágenes de la líder de la oposición, Yulia Timoshenko, encarcelada acusada de un delito de abuso de poder (la firma de un millonario acuerdo con Rusia sobre el gas sin tener potestad) y en huelga de hambre para denunciar los malos tratos sufridos en prisión. Fue el ícono necesario para abrir la veda a los numerosos anuncios de boicot por parte de muchas de las autoridades de los países que iban a participar en la competición.

La cuestión, sin embargo, radica en saber hasta qué punto estas denuncias no obedecían a intereses ocultos bajo el prisma de los derechos humanos. Como se ha señalado desde algunos sectores de opinión, estas acusaciones podrían haber sido el pretexto para forzar un cambio en la política del Gobierno ucraniano y así favorecer los intereses estratégicos de las políticas occidentales. Ucrania es fundamental en la estrategia defensiva militar de Moscú y su actual presidente, Viktor Yanukovich, tan denostado por las autoridades occidentales, parece haber diseñado una política encaminada a favorecer las líneas impuestas por el Kremlin, sin hacer referencia a los sustanciosos acuerdos económicos entre Kiev y Moscú que, en cierto modo, perjudican los intereses de Estados Unidos y la Unión Europea.

Casi dos años después del pitido final de aquella Eurocopa, la contienda todavía se dirime en las calles de la capital. Opositores pro – europeos que asedian los principales órganos de gobierno ubicados en Kiev frente a los que desean el amparo de la madre Rusia. Actores de un juego más complejo en el que se cruzan demasiados intereses que parecen agitar viejas banderas de una actualizada guerra fría. 

Luis Pérez Armiño ©                                                                                                                                   

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