Ucrania y la sangre derramada


Toda revolución social lleva implícito el derramamiento de sangre. Esta aparente obviedad no es un axioma, no es algo tan claro que se deba esperar o desear una vez que se inicia una revolución. Llegan vientos de revolución de múltiples lugares del mundo, nos informan de ellos en los medios y esperamos frente al televisor o enganchados a Internet, como si fuesen los resultados deportivos, a ver qué ocurre en esas revoluciones. La mayoría de las veces aguardamos con simpatías claras hacia los ciudadanos que se rebelan por mayor justicia y libertad. Otras ocasiones la espera está llena de incertidumbres sobre el desenlace de esas convulsiones sociales, cuando todos o parte de los rebeldes deciden usar la violencia o la fuerza para manifestarse o cuando las fuerzas policiales del país deciden reprimir con crudeza esas revueltas. 

En Ucrania el vértigo de la guerra civil se alojó en los ciudadanos de Kiev y en nuestros ojos, que estuvieron a punto de prepararse para una nueva sangría, goteo persistente de noticias sobre tiroteos y matanzas como ocurrió con Egipto y ahora con Siria. Por fortuna, aunque suene desconcertante, tras las peores noticias sólo se ha dado una buena, el presidente descrito por los manifestantes como corrupto e intransigente, Víktor Yanukóvich, abandonó el poder de forma definitiva, huyendo del país (está en paradero desconocido), y satisfaciendo así la principal demanda de los sublevados, incluidos los más radicales.


Para estos últimos la sangre derramada por sus compañeros de protesta, cuando policías antidisturbios y francotiradores usaron munición de guerra contra ellos la semana pasada, no ha sido en vano, aunque no descasarán hasta que los responsables de esas barbaridades sean juzgados. Un matiz importante que no debemos obviar en un conflicto que tenía todas las papeletas para convertirse en guerra civil es que también hay policías y funcionarios gubernamentales entre los muertos. ¿Serán también juzgados los causantes de esas víctimas? ¿Quedarán como héroes que se defendieron de la brutalidad estatal? Quizás la clave esté en eso, el Estado ucraniano carecía de derecho durante esas jornadas.

La vuelta a la normalidad es complicada, partiendo del hecho de que no existía en Ucrania una “normalidad” desde la Revolución Naranja de 2004, donde se manifestó por primera vez la fractura social que divide a la sociedad ucraniana entre los que miran a Occidente y los que siguen ensimismados con Rusia. Ahora se restituye la Constitución que estaba en vigor en 2004 y vuelven a la escena protagonistas que habían caído en desgracia política, como la ex primera ministra encarcelada tras irregulares juicios por abusos de poder, Yulia Tymoshenko.

De todas formas nos queda la idea de que quién ha triunfado en verdad en esta revolución no ha sido la lucha cívica, sino la elevada cifra de muertos y heridos en este ‘febrero negro’. Por desgracia, el éxito de una revolución social se sigue midiendo por la cuantía de la sangre derramada. 

Fuente de la fotografía:
http://www.24-horas.mx/24-horas-resumen-de-la-jornada-137/

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