Desmemorias de África


Todo lo que viene de África se desprecia. Despreciamos a los emigrantes irregulares, menospreciamos cualquier problema grave que se da en el continente porque no interesan soluciones para África y porque sería inútil colocar en la lista de nuestros problemas uno al que no deseamos ninguna resolución. Por interesar no hay ni debates nuevos (más allá del “neocolonialismo”) ni reflexiones profundas sobre la incapacidad del continente de salir adelante y de participar con su desarrollo en ese “renacimiento” de la humanidad que se está dando con cada vez mayor número de países de economías emergentes, en América Latina y en Asia, sobre todo. Pero África no aporta nada a esa “mejoría” del planeta, más allá de la siempre aventajada –económicamente- República Sudafricana, aunque esa es otra historia. Lo único que está claro es la responsabilidad europea en este problema.

Si existe un continente explotado y colonizado por antonomasia es África. Sus tierras fueron vistas, como dice el colaborador de Pax augusta, Luis Pérez Armiño, como granero, fábrica-almacén de materias primas y mano de obra barata durante el siglo XIX. Los fenómenos coloniales de América y Asia desde el siglo XVI tienen una fisonomía muy diferente y unas peculiaridades que los hacen distintos del puro colonialismo que vivió África cuando las potencias europeas se repartieron su territorio a base de compás, escuadra y cartabón.

En esos repartos se crearon países donde se llegó a clasificar a las personas por etnias y tribus, ya que por cuestiones de identidad nacional o cultural, al estilo europeo, era imposible e incomprensible para el mismo africano. Luis nos expone en su artículo una visión de Ruanda, ahora que la atención internacional sólo está en el mini Stalin presidente de Rusia, Putin, y los dirigentes occidentales, una mafia carente de escrúpulos (valga la redundancia) para muchos, enfrentados en el conflicto ucraniano.

Parte de un dato curioso, Ruanda según los indicadores económicos sí podría ser una economía emergente. Les aconsejo leer el texto de Luis Pérez Armiño, ahora que se cumplen 20 años de la horrible matanza entre tutsis y hutus.


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