La dignidad, Adolfo Suárez, la conciencia de clase y las ‘viudas de la Transición’


Como muchos españoles, da igual la condición social, los domingos suelo ir a comer a casa de la madre. Esa visita dominical sigue siendo la columna regia de la sociedad española. Seas anarco-sindicalista, comunista, socialista, conservador o franquista, o no seas ni estés en ninguna posición política, el comer en casa de mamá es casi un ritual que frecuente o esporádico en tu vida está y estará siempre, pues luego te tocará vivir el evento al revés, tus hijos acudirán a tu casa el domingo. Todo esto, claro, en el presupuesto de que hayas decidido formar una familia, que tampoco es obligatorio; de todas formas, hasta que tu madre siga en este mundo y siendo cumplidor debes hacer la visita dominical.

Algo sorprendido me entero que mi madre acudió a la ‘Marcha de la Dignidad’ del día anterior, el sábado 22 de marzo de 2014 en la plaza de Colón. Lo hizo desde su barrio de la periferia, una barriada construida para los matrimonios jóvenes que durante las décadas de 1960 a 1980 fueron componiendo la clase media desarrollada que facilitó la llegada de la democracia a partir de 1976. Fue acompañada por su grupo de amigas viudas, como ella. Viudas relativamente jóvenes y que lo son hace tiempo, siendo sus maridos prototipos del español de una generación que no luchó en la guerra civil, que sufrió la posguerra como niños, pero ni constituyó la protesta universitaria, ni tuvo una lucha activa política contra la dictadura en sus años finales; a lo que más la soportaron y se acomodaron en pos de construir y mantener una familia, como habían hecho sus padres. Una generación que no fue víctima del “caballo” (heroína) ni del SIDA, pero que lo fue de adicciones no muy comentadas, el tabaquismo y el alcohol, y por enfermedades a causa de trabajos a destajo y sin regular.

Acudió porque está muy indignada con el gobierno español y porque el lema de la marcha le atraía: “Pan, Trabajo y Vivienda digna”. Todas las componentes del grupo de viudas de barriada tienen algún hijo o nieto que sufre el paro, las dificultades económicas o no pueden adquirir una casa mejor que la que ellas ya poseen. Durante la comida del domingo nos enteramos por el televisor encendido, que siempre le hace compañía, que el ex presidente Adolfo Suárez, tras una muerte anunciada 48 horas antes, ha fallecido. Todos nos quedamos pensativos y ella comenta que le gustaba mucho, que le votó en 1979 y que era el único “no extremista”. Aunque yo no tenía edad de votar, creo que el voto de mis padres me representaba. La verdad, mamá, si no hubiese sido por su valentía política y su grandeza de miras, tú ayer no hubieras podido acudir a esa manifestación; le dije, intentando ponerme lo menos pedante posible.


                           Una vista general de la Marcha por la dignidad en la plaza de Colón. (JORGE PARÍS)
                                                                            Ver más en: 20minutos.es

Una vez en la Plaza Colón, donde se reunían todas las marchas por la dignidad que venían de varios puntos de España, mi madre y sus amigas viudas dieron un paseo, disfrutando del ambiente festivo y decidieron marcharse pronto. No se quedaron a los discursos; aunque mejor, pues fue lo peor de la ‘Marcha’. A pesar de estar tan indignadas y exaltadas que quizás hiciesen oídos a esos discursos anticapitalistas y ensalzadores del “pueblo” (de mucha emoción y poca consistencia), a ellas el discurso que mejor les representa es el moderado y equilibrado del ‘puedo prometer y prometo’, que hizo tan popular al presidente Suárez. Lo que prometió lo cumplió y creo que lo más grande de este personaje trascendental en nuestra historia reciente es eso, sabía que todo lo que fue prometiendo era lo que había que hacer, justo y sólo lo que debía hacer, sin demagogia populista ni aspavientos de “salva patrias”. 

Para desgracia de la dignidad de esa marcha social, que fue un éxito y que representa un deseo verdadero de cambio social, el final lo protagonizó una minoría extremista empeñada en violentarse con las fuerzas de seguridad; lo que ha servido para que la prensa del “sistema” se cebe en esa noticia en lugar de difundir la información que necesita la opinión pública, si hubo muchos asistentes, si todo lo que se dijo representa a una amplia masa social, si el movimiento tiene viso de consolidarse o pasará a la ya larga lista de movimientos indignados...

He intentado hacer bien los deberes como analista político y social, visionando el reportaje que el Canal 33 realizó de la marcha (en Tele K también se puede ver) y siguiendo en la larga tarde del domingo toda la información hagiográfica (merecida) que se ha hecho tras la muerte de Adolfo Suárez. Primero, no creo que esa manifestación masiva haya creado una verdadera conciencia de clase, como insinuaba uno de los oradores en los discursos finales diciendo que “ahora nos tienen miedo, mucho miedo”, en una clara alusión a la clase política desinteresada del pueblo y a la oligarquía económica.

Después, esa marcha social no está radicalizada más allá de las palabras ni será “acción política” sino encuentra una representación demócrata porque existe una sólida solidaridad familiar entre los españoles. Las familias y los círculos de amigos próximos se apoyan y ayudan en esta profunda crisis, combatiendo a los recortes sociales y a la degradación democrática con lo que siempre se ha hecho, compartiendo lo que se ha conseguido, a pesar de que lo conseguido está disminuyendo por la corrupción que de raíz y tronco padecen los sistemas democráticos liberales.

La verdad, mis conclusiones me hacen volver a la sobremesa del domingo en casa de mi madre, la casa familiar más grande que la mía, con un menú de primera, comida casera y productos de calidad que sólo las madres saben comprar en el mercado del barrio y una mujer que sobrevive y ayuda a su familia con una pensión (por ahora digna) que fue una de las promesas de Adolfo Suárez. Recordemos que su gobierno de transición puso las bases esenciales de la reforma fiscal y del sistema de pensiones y de prestaciones sociales de la actualidad.



Comentarios