Día Mundial de la Tierra 2014: balance


Un domingo 22 de abril de hace dos años (2012), escribí sobre el Día Mundial de la Tierra una reflexión desde la experiencia personal acerca de la importancia del bienestar de nuestro planeta en nuestras vidas. La acción del hombre sobre la tierra es como un cáncer, una enfermedad incurable y que avanza sin remedio en su capacidad destructiva de la vida; esa era la idea del post que gustó o atrajo muchas visitas, pues el contador le adjudica más de 7.000 vistas. En esta ocasión deseaba hacer un texto más científico o menos personal. Me puse a documentarme con el propósito de buscar un balance y… lo que más encontraba era el artículo de un ecologista rubio de ojos azules, Bjorn Lomborg, danés que hace un balance bastante positivo del estado medioambiental de la Tierra. Habla de notables progresos en el cuidado del medioambiente tanto en el mundo desarrollado como en el ‘emergente’.

Mi propósito científico se fue al traste, la experiencia personal vuelve a mí como un sabor de la comida que se repite y regresa en un imprevisto eructo interior. Muchas veces la Tierra reacciona así, con un gas, un temblor o una marea imprevista tras sufrir la ingesta de acciones humanas que cada día, cada hora, cada minuto debe soportar. Durante las pasadas vacaciones de Semana Santa he soportado una “ola de calor” en el norte de la península ibérica, en pleno abril primaveral. En el equipaje llevaba abrigos para soportar temperaturas bajo cero que hicieron el viaje turístico sin salir de las maletas. En algún comentario banal de las sobremesas achacaba ese veraniego tiempo al ‘calentamiento global’, fenómeno crucial en la lucha ecologista.

En el balance de Bjorn Lomborg se expone, en mi opinión, una perspectiva interesante que incide en el excesivo caso que hacemos al “Calentamiento Global”, que resulta una cuestión compleja y seductora a la opinión pública, y la poca atención que tenemos con el fenómeno que más daño hace al medioambiente y que más muertes provoca entre la población mundial por “causas medioambientales”; habla de la ‘Contaminación del Aire’, tanto interior como exterior. La primera, la interior, es una contaminación que por porcentaje respecto a los otros problemas medioambientales mata a más seres humanos.


La conclusión de Lomborg no puede ser más certera a la vez que sencilla: la pobreza y el mal desarrollo están detrás de esos índices elevados de mortalidad por contaminación del aire. Aún existen unos 300 millones de personas en el mundo que emplean para cocinar y calentarse materias naturales y artificiales muy tóxicas. Es sorprendente lo tóxico que puede llegar a ser el estiércol, uno de los principales materiales energéticos en las regiones pobres o en vías de desarrollo.

En cuanto al calentamiento global y las contaminaciones clásicas de carburantes, el ecologista y activista medioambiental danés nos insta a ser positivos, pues los avances en “prevenir y curar” están siendo sobresalientes en zonas del mundo tan contaminadas como Beijing (Pekín), la capital del nuevo gigante industrial y económico. Su teoría es que publicitemos que hemos avanzado en la protección medioambiental en el mundo desarrollado y que ya es hora de atender las contaminaciones del planeta en las regiones pobres. Ayudar al desarrollo en esas zonas hace que la contaminación del aire interior sea menor y el problema pasa al exterior, pues los sistemas energéticos se modernizan y el control de las emisiones ya está mejor (¿?) regulado en casi todo el planeta.


Añadimos unas interrogantes a esa idea que expone Lomborg porque no somos tan optimistas. Quizás exista un mejor control y cuidado medioambiental en zonas de economías en desarrollo, que como bien dice puede ser esa “sostenibilidad” y mejor cuidado medioambiental el que propicia un buen desarrollo, pero que potencias super-industrializadas como Canadá o Estados Unidos no hayan ratificado el ‘Protocolo de Kioto’ nos remiten a la idea de que el cuidado del medioambiente seguirá pasando por las manos frías de los intereses del poder industrial y financiero internacional.

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