Japón piensa en volver a tomar las armas


En la historia contemporánea de Asia aparece como hito fundamental el expansionismo y militarismo japonés originado tras su rápida industrialización en el XIX (Era Meiji) y su puesta en práctica en las décadas de entre siglos, guerras chino-japonesas (1894-1895) y ruso-japonesas (1904-1905). Este militarismo expansionista es considerado la principal causa de que la II Guerra Mundial tuviera otro frente crucial en el Pacífico y el continente asiático y no quedase el conflicto dependiendo solamente del frente occidental, como en la Gran Guerra (1914-1919). Tan claro estaba para los aliados vencedores de la guerra en ese frente, los Estados Unidos en concreto, que impusieron a los japoneses en su Constitución un artículo específico donde debían abolir el derecho como nación al uso de la guerra.

Ese artículo es el 9; se trata de una cláusula en ese articulado de la Constitución nipona de 1947 que impide al Estado japonés emprender cualquier acto bélico. Es más, el artículo menciona que para lograr ese espíritu pacifista el Estado no contará con fuerzas armadas equipadas con poder bélico. Esa ambigüedad en el propósito permitió que, de hecho, el país mantuviera un ejército encubierto, las llamadas ‘Fuerzas de Autodefensa del Japón’; incumpliéndose así la idea pacifista de ser una nación sin ejércitos. Lo que sí se cumplió fue la limitada capacidad bélica, en el sentido de que el rearme fue en la medida necesaria para una autodefensa. Por otra parte, al Japón no le hacía falta un ejército con poderío bélico; estaba y está amparado por el todopoderoso ejército estadounidense.


Sin embargo, los recientes altercados fronterizos con China y Taiwán, por viejas disputas territoriales en torno a unas islas y la renacida beligerancia de Corea del Norte, han hecho al gobierno conservador y nacionalista del primer ministro Shinzo Abe  replantearse, de forma seria, la transformación de sus fuerzas defensivas en un verdadero ejército. Ello supondría incrementar el poder bélico, con un lógico rearme acorde al potencial industrial y económico nipón. Estados Unidos, al contrario de lo que parecería por viejos prejuicios, no ha puesto mala cara ante ese proyecto. De momento, el presidente Obama en su reciente gira por Asia ha dado todo su apoyo al Japón en los contenciosos con China.


Muestras de que ese proyecto de “volver a las armas” por parte del Japón podría ser factible están en los actos ultra nacionalistas que la administración Abe ha amparado, como las visitas de altas autoridades a santuarios donde están enterrados antiguos criminales de guerra según la comunidad internacional y héroes para el imaginario nacional japonés. Es una manera de predisponer (por otro lado, ya muy predispuesta en ese sentido) a la opinión pública nipona en general a una vuelta a posiciones de firmeza y de orgullo nacional japonés; posturas de poder que incomodan, recordando el pasado reciente, a todos sus vecinos asiáticos.



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