La entrevista de Jordi Évole al presidente de Uruguay, José Mujica


Partiendo de la idea de que el programa ‘Salvados’ de Jordi Évole buscaba con esta entrevista resaltar el exotismo del personaje, decir que la entrevista no resulta un “show” sino que demuestra el buen hacer periodístico de Évole. El presidente Mujica queda en el programa retratado muy certeramente no sólo por las preguntas del periodista también por conseguir olvidarse de lo anecdótico y centrar la mirada en el gran calado humano del mandatario uruguayo. Que un programa televisivo europeo se fije en este particular presidente latinoamericano podría estar en la onda de la buena imagen y del “estar de moda” que tiene el Uruguay en estos momentos en la escena internacional. Un país pequeño que se asoma al mundo con inteligencia y seducción, aunque Mujica deja claro el verdadero sentir de sus conciudadanos cuando responde:

Jordi Évole: Ustedes han conseguido que por ejemplo una revista como The Economist les considere el país del Año (2013), Uruguay; usted cuándo ve eso que piensa...

Presidente Mujica: ¡Cómo andarán los otros! (risa sana)

Durante el reportaje-entrevista, pues se toma el testimonio de ciudadanos de Montevideo y la opinión de un periodista uruguayo especializado en información política, el presidente Pepe Mujica critica a su país, hace gala de autocrítica y reconoce fracasos, algo tan “exótico” para un dirigente político como el no vivir en el Palacio Presidencial y hacerlo en su “ranchito” o chacra de toda la vida (lleva viviendo allí casi 30 años). Ni servicio doméstico ni grandes escoltas, la entrevista se realizó como si estuvieran de visita a la casa del abuelo. A mí eso me parecía, me recordó las visitas que hacía a mis abuelos en un pueblo perdido en una serranía de Castilla. Mi abuelo materno también se rodeaba de animales en la puerta de su casa, mientras limpiaba unas matas de cebollas. Al presidente Mujica y a su entrevistador sólo les faltó eso para copiar mi cuadro familiar.


Évole, el entrevistador, no oculta su fascinación por el personaje, aunque no deja de hacer las preguntas que surgen sin remedio. Algunos uruguayos hablan de “marketing político” en esa humilde imagen de su mandatario. Mujica se defiende con ironía, aunque no tendría por qué ante la evidencia. “¿Marketing político? Más de 40 años viviendo así, muy largo es el marketing, pues...” Así vivía antes también, cuando en su larga carrera política llegó a diputado, ministro y senador...un “tupamaro”, un guerrillero sin acciones de sangre, que estuvo casi 14 años en las cárceles del país. En la cárcel no podía leer porque se lo prohibieron y Mujica viene decir que aprovechó ese tiempo para leerse (conocerse) a sí mismo.

El presidente Mujica es un convencido político de izquierdas, de su “particular” izquierda que la hace singular por ser concebida con una mezcla de realismo e inteligencia. Crítica el “infantilismo” de las izquierdas que llevan a los populismos, falsas políticas de izquierda que confunden los deseos (sueños) con las realidades. Condena al materialismo y al consumismo, pero es consciente de la necesidad de usar modelos y usos capitalistas. Por ejemplo, reconoce que en Uruguay se ha disminuido el desempleo y la pobreza entre sus habitantes gracias a la inversión (financiera-empresarial); sobre todo a la inversión extranjera, reconoce, que ha servido para crear trabajo y desarrollar al país. Habla de la “guerra” entre los Estados por conseguir que lleguen esas inversiones, con la aplicación en cada país de medidas favorables, a cuál más, para que lleguen esos capitales.

La entrevista demuestra que no es un presidente latinoamericano afectado por el populismo más grandilocuente, un fenómeno muy vigente y activo en la América Latina actual. Su perfil es tan singular y atípico que quizás tampoco se pueda hablar de “Mujicanismo”. Como único reproche a la entrevista podríamos decir que ante el discurso más intelectual del presidente Mujica, el periodista español no estuviese a la altura, con una replica-pregunta acorde al argumento político del mandatario uruguayo.

Eso ocurrió cuando José Mujica habló de “los otros presidentes” y el no saber por qué ellos no viven como él. Si la República se trajo para vivir todos igual, sin privilegiar a una minoría, por qué esos presidentes no tienen una vida como tiene la mayoría de su gente y no que viven como lo hace la minoría privilegiada; argumentaba con estas o similares palabras Mujica. La aparente demagogia puede aclararse cuando Mujica habla del carácter del republicanismo (americano) y hace las comparaciones con presidentes de Europa. Si el presentador, Jordi Évole, hubiese sido agudo le tendría que haber aclarado a Mujica que la república europea por excelencia, la francesa, necesita del boato y la dignificación presidencial porque es una forma de significarse como poder del ciudadano ante las otras “castas sociales”. Digamos que el ciudadano-presidente sustituía al monarca en la dirección del país, pero también en la soberanía del pueblo. Y eso necesitaba de “representación digna” y boato.


Por lo demás, excelente entrevista para conocer a un ser humano excepcional; una gran y buena persona, el presidente Mujica.


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