Nigeria, ¿la eterna lucha de moros y cristianos?

Nigeria podría ser una superpotencia mundial; al menos Nigeria debería ser la  mayor potencia de África. Los indicadores económicos y sus recursos naturales exponen que potencial para serlo tiene de sobra. Sin embargo, las noticias que se ponen en primer plano sobre Nigeria son siempre sobre atentados terroristas, acciones de guerrillas e inestabilidad política llevada al extremo del conflicto armado. Esa problemática social alcanzó niveles denigrantes para la civilización humana cuando el grupo terrorista Boko Haram secuestró a más de 200 niñas nigerianas, a las que se les ha obligado a convertirse a un Islam regido por la Sharía ; con testimonios espeluznantes, además, de alguna de las niñas que logró escapar denunciando la violación sistemática de las jóvenes.

Boko Haram significa en una lengua local, “la educación occidental es pecado”, nombre que se han otorgado estos islamistas para evidenciar cuáles son sus objetivos terroristas. El modelo occidental para estos radicales estaría mejor representado en todos aquellos que profesan el cristianismo como religión. Los cristianos han sido objeto de muchos de sus atentados. En Nigeria el cristianismo no es minoritario como ocurre en otros países africanos. En el Estado más poblado de África (170 millones) existen dos comunidades religiosas mayoritarias y bien definidas, repartidas al 50% en un norte musulmán y un sur cristiano.

Analizar la conflictividad nigeriana resulta complicado no sólo en sí, como cuestión local compleja, también porque su condición de principal productor de gas y de crudo mundial desde la década de 1960 en que fue descubierto el petróleo, le hace ser un conflicto con enrevesados intereses económicos internacionales, donde el neocolonialismo en formato de gran corporación occidental vuelve a convertir a esos países en meros espacios de explotación económica en lugar de estados estructurados para el bienestar de sus ciudadanos. Antes, en el periodo colonial, por muy irónico que parezca, se garantizaba la construcción de infraestructuras estatales; ahora los sucesivos gobiernos locales se limitan a favorecer a la compañía extranjera que antes les enriquezca personalmente, sin pensar en el resto del país.

Pero... ¿qué tiene que ver el neocolonialismo con el enfrentamiento religioso en Nigeria? Pues todo o nada, como en la apuestas de la ruleta. La serie de relaciones que se pueden hacer son infinitas. La más simple sería la empleada en muchos medios de comunicación del mundo y que responde a emplear un conflicto local, un problema generado por la idiosincrasia regional, como herramienta para atacar al adversario ideológico y cultural. Resulta lamentable ver a muchos medios rusos o árabes argumentando que detrás del secuestro de 200 niñas, sacadas a la fuerza del lugar donde deben estar a esa edad, su escuela (y si eso es una imposición occidental, bienvenida sea), y de las iniciativas internacionales para rescatarlas está el ansia de Estados Unidos por hacerse con el control absoluto de los recursos naturales de Nigeria; informando, sin demostrarlo, que detrás del secuestro existe un “autor intelectual” de los servicios secretos occidentales.

En cambio, una perspectiva más aguda es la que asegura que si Nigeria fuese un país estable y dueño de sí mismo (en la medida que todos lo pueden ser), donde la producción petrolera fuese estatal y los recursos naturales nacionalizados, Boko Haram también existiría y hubiese asesinado y secuestrado como lo está haciendo en la actual Nigeria controlada por el “corrupto” Occidente. 

Si aceptan mi modesta opinión, este asunto del terrorismo sectario y religioso en Nigeria está más en la línea de la aparición de los fundamentalismos en el mundo islámico. Hasta la aparición de grupos como Al Qaeda (hacia 1988-1990) podíamos decir que “moros y cristianos” vivían en paz o en relativa armonía en Nigeria. Ambas religiones tenían presencias centenarias y bien asimiladas en las diferentes etnias o culturas del “Níger”. Se puede matizar que en la irrupción del extremismo islámico sí que existe un componente nacionalista y anticolonial, que podría relacionarse con la actitud antioccidental de Boko Haram, pero la raíz (y más en este caso que se trata de una secta radical de una rama del Islam) del asunto estaría mejor asentada en línea con la no asumida modernidad en el mundo islámico.

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