México-España: de República y de Monarquía, del presidente Cárdenas al presidente Peña Nieto

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La Constitución de la II República en 1931 tenía un artículo que promovía la posibilidad de la doble nacionalidad y de adquirir la ciudadanía española si se solicitaba por parte de los iberoamericanos y los portugueses que residieran en España o tuviesen vínculos familiares sin que perdieran su ciudadanía de origen. Era el artículo 24 y fue una de las medidas fijadas en la Constitución republicana para demostrar el espíritu conciliador y de respeto al derecho internacional, fomentando la paz y el buen entendimiento entre los pueblos, que se deseaba como base de la política exterior española. El desarrollo de una ley al respecto, como otras muchas del articulado republicano, quedó pronto truncado por el golpe de Estado de julio de 1936.

Ese golpe de Estado provocó una guerra civil con el resultado conocido de la derrota de la República y el exilio de decenas de miles de españoles, entre ellos el mismo gobierno republicano, a México, por empeño especial de su entonces presidente Lázaro Cárdenas. En la misma línea de humanismo y solidaridad que tuvo ese artículo 24 de la Constitución republicana, Cárdenas y su cuerpo diplomático hicieron ciudadanos mexicanos de pleno derecho a esos exiliados españoles. El exilio republicano español en México a partir de los años 40 del pasado siglo es ahora una hoja ilustre en los libros de historia reciente, un hecho que dignificó al pueblo mexicano y su máximo representante, el presidente Cárdenas, pero en su momento fue una política a contracorriente de la actitud general tomada hacia España. 

Estados Unidos y las otras potencias occidentales europeas hicieron la “vista gorda” con el injusto final de la República, un desentendimiento que comenzó durante la misma guerra, con la cínica política de ‘No Intervención’. El régimen dictatorial se consolidaría en la Guerra Fría, cuando el anticomunismo visceral del general Franco sirvió de apertura y aceptación en el exterior. Prácticamente toda América Latina acabó aceptando al dictador, con la obvia excepción de la Cuba de Fidel Castro (pero a partir de la década siguiente, de los años 50) y la postura, inalterable durante toda la vida del régimen, de México de no reconocer nunca la legitimidad del gobierno de Franco ni entablar relaciones diplomáticas con esa España sin libertades.

Al llegar la democracia a España durante el periodo de ‘Transición’ a partir de 1976, se restaura la monarquía borbónica en lugar del régimen democrático y legal anterior de la II República. Ese detalle importante marcará toda esa transición y la historia actual del país. La Monarquía optó por apoyar a las fuerzas democráticas y propiciar el profundo cambio basado en los tácitos pactos, donde partidos de alma republicana sacrificaban esa ideología en pos de consolidar la democracia.

En el exterior, la España democrática volverá a encontrar un sólido aliado en el México del “modernizador” presidente Carlos Salinas de Gortari. Hay que reconocer que a iniciativa del presidente Salinas y del rey Juan Carlos I de España se instauran las Cumbres Iberoamericanas, celebrándose la primera en Ciudad de México en 1991; cumbres que hasta hace poco han sido una de las espinas dorsales de las políticas exteriores de esa comunidad histórica. 

No debemos olvidar que en la España democrática estructurada bajo la Constitución de 1978 se le dio a la Corona un papel institucional, ni ejecutivo ni legislativo. En el artículo 56, apartado I, se especifica que el Rey es el Jefe del Estado y que asume “la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica... (América Latina)”.

Esa representación de máximo nivel ante Iberoamérica es lo que el presidente actual de México, Enrique Peña Nieto, ha “celebrado” levantando su copa en el almuerzo de gala ante el monarca y el gobierno español en la visita de Estado que está realizando estos días en Madrid. Es curioso, México vuelve a “estar” en momentos claves para la democracia española. Esta visita será el último acto oficial internacional que presidirá el rey Juan Carlos, que abdica en su hijo, en su tarea de más alto “embajador” de España ante la comunidad histórica que supone América Latina y el Estado español.


Gustavo Adolfo Ordoño ©

Comentarios

  1. Muy linda, muy constructiva la nota, Gustavo. Muy agradable de leer también.

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  2. Gracias, Mónica, aquí andamos hoy jueves 19 junio desde la 8 de la mañana, que es festivo, viendo en Tv e Internet el "traspaso" de Corona de padre a hijo; aunque vivimos cerca del Palacio, las medidas de seguridad nos agobian; bueno, a ver si este "chaval" (bueno, no tanto, tiene mi edad y no me considero tan joven ya), Felipe VI que parece más "Austria" también sabe mantener buenas relaciones en la Comunidad histórica...

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  3. Por ahí anda una noticia de que anunció que va a reforzar los vínculos con Iberoamérica; parece que lo dijo en el discurso, pero todavía no tengo los detalles

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