Mi vecino, el republicano

Foto propia del editor de este blog. Una vista desde una ventana de casa

Como ya sabrán la semana pasada, el jueves 19 de junio, fue proclamado, en un acto que se vendió como discreto pero solemne, nuevo jefe de Estado en España. Se trata de Felipe VI, hijo del hasta ahora monarca Juan Carlos I. La abdicación ocurrió dos semanas antes y ha sido ya tan analizada como sobrevalorada; más tarde, el discurso de proclamación del nuevo rey ha tenido también su correspondiente análisis y sus respectivas interpretaciones, según interés del que las hace. Algo que resultó objeto de atención fue la “guerra de banderas” y la batalla por el nivel de clamor que tuvo el acto de cambio en la jefatura de Estado.

Es hora de contarles algunas cosas en primera persona al respecto. Las fotos que ilustran este texto están hechas en mi barrio, una zona céntrica de Madrid a menos de 500 metros del Palacio Real. Es una zona con un vecindario muy heterogéneo. Puedes encontrarte con actores y actrices de cine y televisión, artistas, escritores, ancianas con casas de renta antigua que en su fachada aún se aprecia el cartel: “Asegurada de Incendios, Aº 1892”; monjas y curas de las muchas parroquias, colegios y del seminario mayor situado también en el barrio; familias de parejas jóvenes que pasean al 1,5 (tasa baja de natalidad) hijo por los escasos parques de la zona, muchos de ellos peleados a la Iglesia para conseguir terrenos de uso público. La Iglesia es la mayor propietaria inmobiliaria del barrio.

Este monopolio urbanístico de la curia se puede apreciar en las fotos de este texto, al fondo de la bandera republicana está la iglesia de La Paloma, una virgen castiza, patrona de las fiestas más populares de Madrid (La Verbena de La Paloma). Es un edificio elegante, bonito, con dos torres de estilo neomudéjar que guarda la pintura de la virgen, una tabla del siglo XIX colgada en su altar mayor y que se baja, por el Cuerpo de Bomberos de Madrid, cada 15 de agosto. La iglesia de La Paloma ha cumplido cien años recientemente. El barrio combina edificios centenarios (algunos datan del siglo XVIII), con las promociones inmobiliarias nuevas de viviendas con menos de 20 años. Es el caso del bloque de pisos de mi vecino republicano.

El vecino colocó la bandera de la República el pasado 2 de junio, tras el anuncio de abdicación del rey Juan Carlos I; fue un acto reflejo que muchos republicanos hicieron en sus balcones. Las banderas republicanas tienen en este barrio, cercano a las “combativas” barriadas de La LatinaLavapiés, bastante presencia. Cuando el ayuntamiento de Madrid, con motivo de la proclamación de Felipe VI, repartió banderas españolas y facilitó su puesta en ventanas y balcones, así como en comercios, la presencia de la roja y gualda aumentó, aunque no significativamente. Había más banderas nacionales por el Mundial de Fútbol que por el acto solemne del pasado 19 de junio.

Aunque se pretendió dar un aire de discreción al evento, parece que a última hora la Casa Real y el Ayuntamiento quisieron motivar al pueblo de Madrid para acudir a la Plaza de Oriente, a ver el saludo de los nuevos reyes. Las imágenes aéreas han demostrado que no se consiguió una gran movilización, a pesar de ser un día festivo en la capital española. Eso sí, la intimidación sobre la simbología y la expresión republicana fue excesiva, represiva si me apuras.

Prohibido entrar en un extenso perímetro que formaba los alrededores del palacio (que incluía nuestro barrio), con banderas y símbolos de la República. Me consta que mi vecino fue intimidado por policías y otros vecinos que le afearon una supuesta “falta de respeto” a la celebración del día, teniendo que replegar la bandera. Al menos tuvo el coraje de dejarla colgada como si fuese un mantel secándose al sol, lo que permitió un pequeño acto, aunque digno, de “protesta”. 


Gustavo Adolfo Ordoño ©


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