Rey Juan Carlos I: de líder mundial más valorado al ¿por qué no te callas?

             El Rey y Hugo Chávez, en Madrid en 2009, tras el famoso incidente del ¿"Por qué no te callas? 
Fuente de la imagen: PAUL WHITE (AP)

Se ha dicho hasta la saciedad que Juan Carlos I resultaba un rey “personal”, identificando más a la Corona con su persona afable que con la institución monárquica en sí. Las urgencias por traer la democracia a España hicieron que convencidos republicanos de izquierda aceptasen y asumieran que el sistema estatal sería una Monarquía Parlamentaria en ese conflictivo periodo de transición desde una dictadura sombría a un amanecer democrático. Fue cuando surgió el término tan manido de “juancarlistas”; una forma de excusar esa traición a los ideales antimonárquicos, que acabó por trasladarse a la inmensa mayoría de la sociedad española.

Porque… ¿qué era en su perspectiva de conjunto la sociedad española de 1976? ¿Republicana, monárquica? ¿Conservadora y tradicionalista? ¿Ingenua y esperanzada? Pues sería todo eso en parte y en general; aunque políticos que lideraban partidos que en la Guerra Civil lucharon por la República renegaron de esa institución para traer la democracia, militantes de estos partidos mantuvieron intactos sus principios republicanos. A pesar de un sentimiento generalizado deseando el cambio democrático, mucha base social seguía prejuiciosa y manteniendo posturas reaccionarias, afines a mantener el régimen dictatorial. Eso dejaba poco margen a la monarquía, a simple vista, en efecto, España no era monárquica.

España se hizo, como dice el tópico, “juancarlista”; y ese mismo espíritu conciliador del rey Juan Carlos que resultaba tan “tolerable” a muchos sirvió a la Corona para institucionalizarse. Esa percepción pasó a América Latina. El mismo Rey decía, en la también “tópica entrevista” de Victoria Prego el año 2000 en la televisión estatal, que cuando iba a Iberoamérica le hacían sentirse como el monarca aún de esas tierras, que le daba pudor decirlo, pero que era así, que se referían a él como “el Rey”, sin especificar o aclarar, el Jefe del Estado español o el rey de España.


Esa sensación no es falsa, muchos intelectuales latinoamericanos así lo han reconocido; las encuestas del Latinobarómetro que se hacen cada año hacían del rey Juan Carlos I el líder mundial mejor valorado en toda América Latina hasta los roces de los gobiernos españoles con los países denominados “bolivarianos” en la primera década de este siglo. Además, la imagen de España quedaba ligada al monarca y viceversa. Sus errores y las “manchas” de corrupción pasaban, de inmediato, a la valoración general que se tenía del país España. Aún así, el rey Juan Carlos mantenía prestigio y consideración en el subcontinente que fomentaba acudiendo a todas las Cumbres Iberoamericanas y a los actos institucionales latinos de más relevancia.

En realidad, en América Latina pasaba algo similar a lo que ocurría en España pero más singular si cabe, propio del “realismo mágico”. Se asumía al monarca como parte de la realidad latinoamericana, su “Rey”, en un paraíso de repúblicas; si el republicanismo hispano triunfó de forma rotunda en algún sitio, este fue América Latina. Por tanto, en Iberoamérica estaba y está pasando la misma reacción hacia la Corona dada en España. El “juancarlismo” ya no es un predicamento, no resulta una idea “tolerable” y pasa por el momento de la crítica y el cuestionamiento, afectando a la monarquía como institución útil al pueblo y la democracia.

¿Conseguirá ser Felipe VI el “monarca de espíritu" para Latinoamérica como lo fue su padre? Hay queda otra de las muchas interrogantes que se pueden abrir desde la abdicación ayer del rey Juan Carlos.

Gustavo Adolfo Ordoño ©

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