Palestina versus Israel y la toma de partido

                               
Existen conflictos en el mundo condenados a repetirse y sin visos de solución. Es el caso de Palestina e Israel, la Tierra Prometida a un “pueblo rebelde” (el judío, rebelado contra Egipto) y que ahora, en cierta forma, sigue disputando a aquéllos que el mismo Yavé dijo iba a desalojar:
           
Yavé dijo a Moisés: « Márchate de ese lugar tú y tu pueblo que saqué de Egipto; sube a la tierra que yo prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob cuando les dije: Se la daré a tu descendencia. Enviaré delante de ti un ángel para que eche del país al cananeo, al amorreo, al heteo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo. Pero no subiré con vosotros a esa tierra que mana leche y miel, no sea que os destruya en el camino, por ser un pueblo rebelde ». —Éxodo 33:1-3

Quizás la metáfora de Dios no se entendió desde el principio. “Os daré una tierra en la que ser felices”; esa debió ser la premisa de un dios generoso y lleno de bondad, puede que se refiriese a que todo hombre y mujer necesitan de un hogar para vivir, sin coordenadas geográficas precisas –aunque la Biblia se obceque en precisar-. La estupidez humana es capaz de crear confusiones terribles al no comprender “el mensaje verdadero”.

Lirismos bíblicos aparte, el conflicto judío-palestino necesita de todos nosotros, de nuestro posicionamiento en un bando o en otro. Ciñéndome al caso español, que es el que mejor conozco, la Izquierda y el progresismo debe estar con los palestinos. Es el pueblo oprimido que pide su autodeterminación. No defender al pueblo palestino y a su natural derecho a existir como Estado te pondría en el otro bando. La Derecha y las fuerzas conservadoras juegan a la ambigüedad, pues para ser democráticos deben apoyar a las libertades y los derechos fundamentales de los pueblos, pero al mismo tiempo deben condenar los rasgos radicales, “terroristas” y faltos de ‘democracia liberal’, que poseen la mayoría de las organizaciones políticas y sociales palestinas.


Israel se ha consolidado como Estado en el concierto internacional, sobre todo en el ámbito occidental, teniendo una relevancia política y diplomática que ha superado en muchos casos a sus vecinos, países árabes en su mayoría. Eso se percibe en el juego de las negociaciones, acuerdos y asambleas internacionales, al ver los recelos de muchos estados a incomodar o molestar al Estado hebreo con posturas críticas o condenas a sus -así llamadas por el gobierno israelí- acciones de protección y defensa en la Franja de Gaza. Con uno de los ejércitos mejor preparados y armados del mundo, las acciones bélicas de Israel no van a causar otra cosa que lo que están haciendo: masacrar al pueblo palestino. No puedo escribir “daños colaterales”, la excusa israelita para explicar la muerte de niños en la lucha contra milicianos de Hamas, porque me saldría una úlcera.

Una tercera opción llena de sentido común y a la vista sencilla, como sería auto reconocerse como Estados y convivir, pues las dos realidades serán inalienables por los siglos de los siglos, no está contemplada. Hay que tomar partido por unos u otros. Pues las izquierdas de todo el mundo (siguiendo el patrón español no habrá muchas diferencias) condenan los modos reaccionarios y opresores de Israel, que representan al “Imperio” que ellas combaten en su día a día, alineándose ciegamente con la postura radical que piensa en la restitución de una única y entera Palestina árabe. Y las derechas del mundo se escandalizan ante cualquier pueblo rebelde, perturbador con su mera existencia, del estable modo de vida impuesto, la “pax augusta” mundial de estilo made in USA.

En fin, me voy a salir de los sectarismos políticos y de las confesiones religiosas y me voy a marcar un enésimo reclamo ingenuo pacifista: voy a tomar partido por posturas tan consecuentes y convincentes, pero que siempre se obvian, como la de Nelson Mandela:

“La gente aprende a odiar, y si pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario.”



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