La ONU (Naciones Unidas); una buena idea menospreciada

Fuente Foto: FLICKR/JORBASA
“El sueño de la razón produce monstruos”. Es el título de un grabado de Goya. El pensamiento humano- la Razón- quedó perplejo y exhausto. ¿Qué hacer para no caer en esos errores de guerra y crimen? Había precedentes inmediatos de los intentos de las naciones de vivir en paz, la Sociedad de Naciones creada en 1919, tras la I Guerra Mundial; era un sueño que tenía remotos antecedentes en muchos pensadores, aunque parezca imposible, de la humanidad.


Los precedentes de la Organización de Naciones Unidas

Después de una guerra siempre viene la paz. Esta perogrullada ha sido el mayor problema en la historia. Las treguas muchas veces significaban periodos de descanso y recuperación de fuerzas para volver a reanudar las guerras. Los problemas que causaban los conflictos seguían latentes y los intervalos conocidos como “entreguerras” se caracterizaban por una ciega celebración de la paz, sin apuntalarla y reforzarla.

Una clara muestra de esta problemática fue la creación de la Sociedad de Naciones ante la imposibilidad de respetarse y cumplirse los acuerdos internacionales firmados en la Conferencia de París, que ponía fin a la Gran Guerra. A los vencidos no se les daba voz en esos tratados, solamente la obligación de firmarlos.

Fue el presidente norteamericano Woodrow Wilson quien más abogó por dar a estos acuerdos una plataforma, una especie de instancia internacional superior, que les diera más legitimidad. A todos los Tratados (de Versalles, de Saint-Germain...) se les anexó la declaración de principios del pacto de la Sociedad de Naciones. Curiosamente los EEUU decidieron salirse de esta Sociedad que propulsaron por vencer la postura aislacionista del Senado, una posición que llevó al país a encerrarse en sí mismo.


Nacimiento de la ONU

Cuando las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial se reunieron en San Francisco, Conferencia de San Francisco celebrada entre el 25 de abril y el 26 de junio de 1945, no cayeron en el mismo error que en 1920 con la Sociedad de Naciones; desde su inicio se pensó en todos los vencidos y fueron invitados a participar como observadores, para procurar su ingreso en la organización conforme a su debido tiempo.

La URSS quiso participar desde el principio porque en la mayoría de los “embriones” de esta organización, acuerdos celebrados entre los aliados occidentales durante la guerra, no había participado. No estuvieron en la Carta del Atlántico, en agosto de 1941, una reunión con el acuerdo firmado entre el primer ministro británico Winston Churchil y el presidente norteamericano Roosevelt, de sentar las bases para un organismo de seguridad y paz mundiales.

La ONU y la Guerra Fría

Avanzando el conflicto, las acciones diplomáticas del gabinete de Roosevelt y la buena marcha hacia la victoria, convencieron a Stalin de participar en ese proyecto de paz que daría un nuevo orden mundial. En San Francisco se aprobó la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, que fue firmada por cincuenta y un estados.

Esa Carta era una declaración de principios, que a su vez marcaban los objetivos de esa Organización de Naciones Unidas. Básicamente son:

  • el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales
  • el fomento y desarrollo de las relaciones amistosas entre las naciones
  • la cooperación internacional para resolver los problemas internacionales de carácter social, económico y humanitario
  • desarrollar y estimular el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.

Como en todo periodo de inicio de la paz, las buenas intenciones y esperanzas eran fructíferas. Todo parecía abrir las puertas de un mundo mejor, más seguro y estable. Las rápidas diferencias surgidas entre las superpotencias, vislumbradas en las últimas conferencias de los vencedores en Yalta y Postdam, desencadenaron la guerra fría, mermando con el famoso derecho de veto la capacidad de acción de esta nueva sociedad de estados.


Principales intervenciones de la ONU, los “Cascos Azules”

Las intervenciones en la convulsa segunda mitad del siglo XX de la ONU se cuentan por centenares, una lista de pocos éxitos y muchos fracasos que nos recuerdan que las naciones de hombres y mujeres del mundo aún no han alcanzado ni uno solo de los objetivos en los que se basaba la organización.

Entre las más destacadas estarían las intervenciones en Chipre, en Palestina, en Líbano, en Cachemira… entre las más olvidables estarían los intentos de Somalia, las del Congo o las de Ruanda. También en suelo europeo se denotó su falta de verdadera fuerza de pacificación en Bosnia y Kosovo.

En estos últimos años Siria, Libia, el “Cuerno de África”, Iraq, Afganistán, Chechenia, Ucrania, Gaza... deberían ser los retos de esta organización mundial porque son las "afrentas" que nos obligamos a asumir como comunidad internacional, pero conociendo la historia de la humanidad los intentos de otorgarle más capacidad de resolución y mayor eficacia chocan con la paradoja de ver esos propósitos en manos de quienes la controlan y sustentan en bien de sus particulares intereses. 


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