Populista...¡ y tú más ¡

Ada Colau, líder de Guanyem en Barcelona.Fuente de la imagen

Viendo un debate en televisión sobre política (sí, ahora este tipo de programas son de los de más audiencia) dos líderes de formaciones cívicas recientes se enzarzaron en el “y tú más” tan demostrativo del nivel de madurez que la sociedad española ha alcanzado, tras casi cuarenta años de democracia.

Una mujer joven, activista social contra los desahucios hipotecarios, defendía con fe en sus palabras que su plataforma ciudadana se pasaba a la política “institucional” para conseguir una regeneración democrática de las instituciones. Empezarán por lo más fácil. Ganar el gobierno del ayuntamiento de su ciudad y dárselo al “pueblo”, a los ciudadanos. Un hombre joven, fundador de un partido que se posiciona “centrista” y respetuoso con las reglas de la democracia representativa, expresaba su preocupación ante ciertas manifestaciones populistas de estos nuevos movimientos políticos salidos de asambleas vecinales.

Populismo no encuentra definición en el diccionario de la lengua española; sobre todo en relación a la idea que en la actualidad se quiere expresar cuando se acusa a alguien o a algún movimiento social de populista. Populista, en cambio, hace referencia “al pueblo” (partido populista, como Ej.). Lo que sí está claro es que debe ser peyorativo, nadie quiere ser populista, del pueblo, entre nuestros políticos. ¿Y cómo puede ser malo atender a los intereses del pueblo? Complicado análisis, pero no me gusta dejar sin respuesta preguntas al aire.


El ser humano es clasista por naturaleza y cuando llamamos “al pueblo” no se sabe muy bien a quién llamamos. La retórica de la lucha de clases no puede emplearse, no está vigente ese lenguaje técnico político. Un profesor en Ciencias Políticas es alguien que puede emplear sinónimos de la lucha de clases de forma inteligente; en España un profesor de esta disciplina lo ha comenzado a hacer con éxito de audiencia. La casta política sería sinónimo de clase privilegiada dentro de un sistema, el democrático, que en teoría impone la igualdad como esencia misma de su funcionamiento y no puede fundamentarse en la división -desigual- de la sociedad en clases.

Igualdad social es un elemento homogeneizador para definir al pueblo o para señalarle con el dedo. Tú, que eres igual que yo, eres pueblo. Él, que no es igual que nosotros, no es el pueblo. Sin embargo, esos matices no han servido para construir la semántica de este vocablo tan usado, según la base de datos de la RAE, sobre todo en la prensa escrita y hablada en español desde 1975. Vamos, que el significado peyorativo fue apareciendo en los medios de comunicación, que no en vano son el mejor instrumento para articular a la opinión pública de un país. Populista se fue asociando a demagogia, y en política no hay nada más peyorativo que un demagogo.

Supongo que de eso rehuyen todos, reniegan todos aquéllos a los que se les acusa de populistas. Sus planteamientos políticos no pretenden halagar y satisfacer al pueblo en sus más primitivos deseos; según todos estos líderes cívicos (populistas para los partidos institucionales) sus ideas, en realidad, son reformistas y regeneracionistas, dos valores tan antiguos como ya lo es la democracia de partidos (representativa), que tanto critican y que es causante de la defección de la gente (pueblo) por la política y sus representantes.

No obstante, sus reformas las exponen mal, sin mucha garantía siguiendo las vías "institucionales" de poder hacerse realidad y de una forma muy básica para llegar a “más pueblo” y a más sentimiento de decepción de la gente, lo que genera las suspicacias de demagogia. Es tiempo de crisis y, por tanto, de reformas y de cambios. Las cosas no pueden seguir igual, sería poco inteligente. Pero, por favor, reflexionen, reflexionemos, documentemos nuestras ideas, analicemos, estudiemos el pasado y el presente. Qué la democracia de partidos necesite una reforma supone... ¿destruirla? No, supone que un partido político con verdadera fuerza reformadora llegue al poder. ¿Podemos?  

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